Fernández, en su hora clave
El kirchnerismo anotó tres derrotas al hilo en las últimas tres elecciones legislativas: 2009, 2013 y 2017.Solo ganó en 2005. No sería novedad la derrota que presagiaron las PASO para las generales de noviembre.
No obstante, la coyuntura en lo único que se parece al pasado citado es en el resultado electoral que se presume desde el 12 de septiembre en la noche, cuando los datos de las urnas desactivaron los festejos adelantados de la cúpula dirigencial del oficialismo basados en las encuestas de sus gurús. La paliza electoral que recibió Alberto Fernández fue notable. Activó movimientos en el frente de gobierno. Se produjeron cambios de gabinete, con el consiguiente reacomodamiento del poder interno. Todo de emergencia, con mirada de largo plazo cegada por el 14 de noviembre.
En el caso de que el Gobierno no recupere fuerza legislativa quebrando en noviembre el resultado de septiembre, la gobernabilidad no tendrá caso sin un pacto con la oposición. No pareciera ser una opción, con Mauricio Macri reinstalado en el espacio que fundó con Patricia Bullrich como ladera para cualquier combate, por más que el candidato del macrismo mediático sea el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta.
Las huestes macristas dejaron en claro ayer, por si faltaba algo para eso, que no van a conceder ni cuando esté de por medio una cuestión sensible como el etiquetado frontal de los alimentos. El macrismo se fue de la sesión en parte por la presión del lobby empresario, pero fundamentalmente porque se asume opositor. Siempre.
El Gobierno podría administrar por decreto, pero la pata opositora en la Justicia le bloqueará ese camino. El margen sería ínfimo.
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