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"Festejamos como un gol cada paso del lanzamiento"

El Ingeniero egresado de la Universidad Nacional del Comahue, Guido Raggi Mir, participa del proyecto Saocom 1B, el satélite lanzado el domingo desde EE.UU.

Guido Raggi Mir soñaba con ser ingeniero del espacio, formar parte de la carrera de la humanidad por conquistar el cielo. Pensó mucho en eso cuando cursaba ingeniería en la Universidad Nacional del Comahue, en un pupitre lleno de garabatos, y se preguntaba si era posible llegar tan lejos sin irse de su país. La respuesta se la dio el destino, que el domingo pasado lo convirtió en uno de los protagonistas del lanzamiento del Saocom 1B, un satélite de alta tecnología hecho en Argentina.

El Saocom partió a las 20 de Cabo Cañaveral, en Estados Unidos, en una misión exitosa que coronó una década de trabajo. El domingo fue una bisagra para Guido, que vivió esos minutos de nerviosismo como si fuera la final de un campeonato de fútbol. “Cada uno de los pasos en el lanzamiento lo festejamos como un gol”, confió.

—Cuando era estudiante, ¿imaginó ser parte del proyecto espacial más ambicioso del país?

Más que imaginármelo, lo soñé. Era mi sueño desde el cuatro año de la carrera de ingeniería electrónica hacer tecnología espacial y sobre todo acá, en Argentina. Cuando me gradué, mandé mi currículum a Invap y tuve la suerte de que me eligieran. Y es una alegría y un orgullo formarse en la educación pública y desarrollar esta tecnología cerca de donde naciste, porque soy de Allen.

—¿Lo llamaron antiguos vecinos?

Sí, y medios de Allen también. Es un orgullo para los que me conocen y saben que tuve la posibilidad de ir al industrial y después a la Universidad del Comahue, y celebran esos logros.

—¿Cuánto tiempo lleva desempeñándose en la misión Saocom?

Ingresé a Invap y trabajo en el proceso desde 2014. Y en el vuelo de los Saocom 1A y 1B, desde 2015. El año pasado, me asignaron la responsabilidad de los subsistemas de comunicaciones del 1B.

—¿El Saocom 1B completa al 1A, forman parte del mismo proyecto?

Los dos satélites son iguales y el 1B viene a cerrar una constelación de seis satélites de un convenio marco entre la Conae (Comisión Nacional de Actividades Espaciales) y la Agencia Espacial Italiana, donde hay cuatro italianos que funcionan en banda X y dos argentinos en banda L.

—Estos no son satélites de comunicaciones, sino para estudios de suelos. ¿Qué implica?

Que pueden tomar imágenes de un lugar del mundo y determinar la humedad para sembrar o prevenir inundaciones, por ejemplo, porque pueden ver la profundidad de la napa de agua. También monitorear el tamaño de los glaciares o el ancho de la capa de hielo en los polos. Son un montón de aplicaciones.

—¿Cómo fue el momento del lanzamiento?

Son 15 minutos que lleva llegar a una velocidad de centenares de kilómetros por segundo, lograr que toda esa energía no te desarme el satélite, después que se separe correctamente, que despliegue sus paneles y genere su propia energía. En ese momento, cada caja que se enciende, cada comando que se realiza, te da tranquilidad, y cada uno de los pasos en el lanzamiento lo festejamos como un gol.

—El lanzamiento de un satélite suele ser un momento de alta tensión donde ya hay cosas que no se pueden manejar desde la tierra. ¿Tenían cábalas para ese día?

Sí, todos tenemos nuestras cábalas. En mi caso, fue poner un muñequito en el escritorio y una oración que tengo tipo ritual, porque en ese momento uno no puede arreglar nada. Se prepara y testea todo, y después es confiar en que el lanzador te deje en la órbita correcta.

—¿Qué hizo el domingo a la noche, cuando el satélite ya estaba en órbita porque todo había salido bien?

Me quedé trabajando hasta las 2 de la mañana (risas). Y al día siguiente también tuve turno hasta las 2 de la mañana, porque el satélite lleva un período de configuración y testeo que requiere de atención en Tierra.

—¿Tiene proyectos de tecnología espacial hacia adelante?

Estoy abocado a los nuevos radares que está generando Invap y se viene la nueva generación de Arsat, un satélite bastante revolucionario de menor tamaño y con iguales o mejores prestaciones que Arsat 1 y 2. A eso se suma a otra misión de la Conae, el Sabia-mar, otro desafío satelital para estudiar los océanos.

—¿Se imagina a futuro en la universidad, para formar a la próxima generación que siga este sueño como el que usted tuvo en materia aeroespacial?

Mientras hacía mi tesis, tuve la posibilidad de dar clases en la escuela industrial de Allen y esa experiencia me gustó mucho, así que no descarto a futuro formar a otros. Sería devolver lo que me dio la educación pública.

-> Uno de los proyectos más ambiciosos de la industria espacial de Argentina

El trabajo de 900 personas

La misión Saocom, de la que forma parte el satélite lanzado el domingo pasado desde Cabo Cañaveral, en Estados Unidos, demandó 4 millones de horas de trabajo, con más de 900 especialistas en simultáneo en el momento de mayor actividad.

Es el proyecto espacial más ambicioso hasta ahora en el país. La empresa rionegrina Invap fue la contratista principal para el diseño, fabricación, integración y ensayos de la plataforma y la electrónica del radar.

Transmisiones exitosas

El satélite Saocom 1A, producido en Bariloche por la empresa estatal Invap, se lanzó en octubre de 2018.

El artefacto se construyó en paralelo con el 1B, un año más adelantado.

Con el segundo dispositivo en órbita, duplicarán la producción de imágenes y reducirán los plazos de revisita sobre un mismo punto. Hoy son 16 horas y en adelante serán ocho.

La comercialización de los gráficos queda a cargo de la Conae.

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