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La Mañana

Final feliz para la odisea de una madre

Después de seis años, Maritza Montecinos logró finalmente recuperar a sus hijas.
Su ex pareja se las había llevado. Logró ubicar a Aldana y Eugenia en la localidad chilena de Arica.

Neuquén > Tras una extensa lucha de seis años una mujer pudo recuperar a sus dos hijas, quienes habían sido alejadas del vínculo materno por su padre.
La historia para Maritza Montecinos comenzó cuando el padre de sus hijas se las llevó a Chile con la excusa de ir de paseo. Bajo su consentimiento -por tener la patria potestad compartida-, sus hijas viajaron al país vecino. Si bien estuvieron comunicados durante el primer tiempo del viaje, no regresó nunca más.
Montecinos luchó durante seis años para recuperarlas sin poder determinar durante todo ese lapso el paradero de las menores. Es que no figuraban con su DNI porque su padre las había nacionalizado como chilenas sin su autorización, pese a que así lo establece la Ley del país trasandino.
Dos semanas atrás, la madre recorrió más de tres mil kilómetros para tener una audiencia con el juez interviniente en la localidad chilena de Arica (a 60 kilómetros de la frontera con Perú), donde finalmente fueron hallados.
Montecinos relata que no recuerda cómo se enteró donde se habían afincado ya que tuvo muchos contactos con organizaciones y medios locales. «Teníamos problemas con el padre, era una persona violenta, había maltratos físicos. Él tiene causas acá que caducaron por el tiempo transcurrido. Recién hace seis meses me enteré del paradero e incluso que hay una causa por violencia contra las menores, denunciadas por sus vecinos. Ahí es cuando el juez decide quitárselas», indicó la mujer.
Maritza Montecinos y su ex pareja llegaron hace 15 años a Neuquén, donde nacieron sus hijas. Hoy, Maritza  aspira a que sea en esta ciudad donde se críen.
«Como le dije al juez en Chile, no pienso alejarlas del vínculo con su padre. No quiero hacerles lo mismo que me hizo a mí, más allá de lo que sea. Ese fue uno de los argumentos que le dije al juez y ese es el modelo de vida que les quiero dar», comentó la joven mujer.
Con una mirada pícara, como quién está ajena a los avatares de la vida adulta, la pequeña Aldana de nueve años baja la vista cuando le piropean sus enormes ojos claros. Ella tenía apenas dos años cuando dejó de tener contacto con su madre. Eugenia tiene 12 años pero poco y nada recuerda de su madre, sólo unos rasgos físicos y el anhelo de volverla a ver.
Maritza es administrativa medio turno así que está pensando buscar otro trabajo para lograr que a sus hijos no les falte nada ahora que están todos reunidos.
«Ahora sólo quiero disfrutarlas porque fueron muchos años, fue un abismo de ausencia con ellas. Me siento horas a observarlas,  a ver lo que hacen, cómo juegan, lo que les gusta, son cosas que tengo que suplir porque verlas así de grandes y haberlas dejado de ver chiquitas es como que no puedo hacerme a la idea. Por eso esta será una Navidad distinta para mí», vaticinó con cierto brillo en los ojos.

Emoción
Recuerda la emoción que las embargó cuando se encontraron con las hijas en la Terminal de Arica. «Hubo mucho llanto entre nosotras, lo mismo en el Tribunal cuando el juez dice que me las regresa. Mi planteo ante el juez fue que no me parecía que un orfanato sea un lugar psicológicamente apto para dos menores cuando tienen a su madre que las ha buscado tanto tiempo», recordó.
Maritza no cesa de agradecer y abrazar emocionada el apoyo recibido no sólo en materia económica, sino también por la contención que le brindó un equipo de trabajo provincial que siguió su caso.
Tanto la madre como las menores fueron recibidas por el ministro de Gobierno, Trabajo y Educación, Jorge Tobares; y el subsecretario de Gobierno, Luis González, a quienes les he agradecido personalmente por el apoyo brindado.
«Deseo que mis hijas estén bien, que se eduquen y que no tengan ese miedo. Ya está, ya pasó y ellas tienen que integrarse con chicos de su edad», dijo Maritza.

Un caso emblema


Neuquén > En 1997, Gabriela Arias Uriburu empezó una lucha sin precedentes a nivel mundial para la defensa de los Derechos Humanos y de los niños. Ese día, su esposo jordano, Imad Shaban, se llevó a sus tres hijos. Para prevenir que esto siga sucediendo, creó la Fundación Niños Unidos para el Mundo (Foundchild).
En 2005, su ex esposo Imad se presentó en los tribunales musulmanes, donde se llegó a un acuerdo de dos visitas por año. El arreglo se puso en marcha cuando se cerraron todas las causas de restitución, tenencia alimentos y el divorcio en Guatemala y Jordania. «Accedí por la necesidad de mis hijos de estar en paz después de muchos años de dolor», explicó.