Golpe de Estado

La crisis política que se generó por dudas en las elecciones termimó

Otro golpe de Estado sucedió en Latinoamérica. Esta vez, la interrupción del funcionamiento institucional se produjo en Bolivia. Una serie de errores del presidente Evo Morales fueron la excusa para un despiadado levantamiento de sectores del poder económico, que nunca se resignaron a perder los privilegios que ostentaban antes del desembarco del dirigente indígena forjado en el sindicalismo en el poder del país.

Morales causó un shock redistributivo y de inclusión en la vida social inédito en la historia de Bolivia. No obstante, la política de Morales, como su decisión de perpetuarse en el poder, sin generar una sucesión de nombres dentro de su partido (MAS), concentró el rechazo de sectores importantes de la clase media. Sin dudas, la sociedad boliviana estaba dividida respecto del apoyo al gobierno de Morales. De lo contrario, los golpistas no habrían hallado las condiciones para quebrar la marcha institucional.

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Bolivia votó presidente el 20 de octubre. Morales se presentó a la reelección. No debía. Antes perdió el plebiscito con el que buscó legitimar la perpetuación. Entonces, fue a la Justicia a buscar el aval. Y con eso dio inicio al contraataque. La intentona golpista se produciría con cualquier resultado eleccionario. Para colmo, el conteo de votos fue dudoso.

No fue el rival electoral, el liberal Carlos Mesa, quien encabezó la subversión del orden institucional. Fueron Luis Fernando Camacho y Marco Antonio Pumari, dirigentes de los comités cívicos de Santa Cruz y Potosí. Pusieron en acción a grupos armados con una estrategia bien pensada para tomar el poder. Lo consiguieron con apoyo militar y policial, como legó la vieja escuela de los golpistas latinoamericanos. Lamentablemente.

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