Guardianes de los tesoros impresos en las estampillas

Desde hace 74 años, coleccionistas de Neuquén se reúnen cada fin de semana.

Ana Laura Calducci

calduci@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- Con una lupa en una mano y una pinza minúscula en la otra, Eduardo examina una a una las estampillas que le llegaron de un país remoto. Con precisión quirúrgica, elige las más valiosas para su colección. Es una pasión con la que convive hace medio siglo y que comparte con otros 40 vecinos del Alto Valle. En plena era digital, ellos siguen canjeando sus “figuritas” con colegas de todo el mundo a través del correo de papel.

El club de coleccionistas neuquino se reúne todas las semanas, desde hace 74 años.

Primero los unió la pasión por las estampillas, luego sumaron a los que juntan billetes y monedas fuera de circulación.

La esencia no es acumular, aclaran, sino “contar historias” con pequeñas estampas. No hay personaje histórico o televisivo, planta o animal, ciudad o acontecimiento que no haya quedado plasmado en una estampilla o moneda.

El centro neuquino se inauguró el 8 de octubre de 1942. Cuando cumplió el medio siglo, en homenaje, el Correo Argentino le dedicó una estampilla de la serie de flores. Así, los aficionados de la ciudad tienen la curiosa posibilidad de coleccionarse a sí mismos.

La mayoría de los socios son mayores, aunque han sumado algunos jóvenes inquietos, que prefieren las filigranas antes que los muñecos de superhéroes. En la última exposición nacional en Córdoba, dos miembros del club ganaron medallas de oro con sus presentaciones.

“Yo empecé a los 9 años porque me interesó mucho; pero entonces era distinto, te llegaba una carta de Europa y era un acontecimiento en el pueblo”, contó Eduardo Bengolea, uno de los socios más antiguos y ganador de una de las medallas.

Recordó que sus primeras estampillas fueron de “la gran serie sobre San Martín”, que salió en 1950 “y todo el mundo andaba enloquecido”. Diez años después, se mudó a Neuquén, aunque tardó un tiempo en asociarse al club. Hoy se reúne todos los sábados “con los muchachos” en la confitería del ACA, donde tienen mesa reservada.

También comparten novedades por las redes sociales, que revolucionaron la forma de coleccionar. Aficionados de todo el mundo se contactan por Facebook para intercambiar información y hacerse de nuevos ejemplares. Sin embargo, a la hora del canje, siguen usando el correo tradicional, tan lento y costoso como siempre.

Eduardo contó que un coleccionista de Australia le mandó un montón de estampillas en carta simple, que es más barata, “y estuvo dando vueltas cuatro meses por varios países. Finalmente llegó, llena de sellos de todos lados”.

Comentó que, para quien no conoce, “somos los loquitos que cambian figuritas”. Para el que entiende, añadió, hay un sinfín de historias atrapadas en las estampas.

“Se aprende mucho de otros países y otras épocas, se puede reconstruir la evolución del ferrocarril o reunir cartas de un momento histórico”, detalló.

No hace falta tiempo ni dinero, agregó, el secreto de un buen coleccionista es simple: “tener paciencia”.

Alberdi: En la biblioteca que lleva ese nombre hay una muestra permanente de filatelia.

Dar los primeros pasos no requiere de mucho dinero

Donde hay un interés hay un negocio. Por eso, en la ciudad existen dos comercios dedicados a vender material a los coleccionistas locales. En general, trabajan con ofertas de lotes de monedas y estampillas variadas que rondan los 100 pesos.

Esos lotes les sirven a los que recién se inician. Hay que clasificar el contenido y ordenarlo.

Después, se trata de conocer colegas y canjear. Eduardo Bengolea, del club neuquino, explicó que la cantidad no define la importancia de una colección, sino el contenido. “Podés tener una colección clásica, donde juntás todo de un país desde el principio, o tener una colección temática, que pueden ser todas aves o presidentes o lo que se te ocurra”, detalló.

Contó que existen las falsificaciones y también “hoy tenés toda una industria atrás de la filatelia y la numismática: te venden el álbum, el catálogo de las series que se imprimieron, las lupas, pinzas, lámparas especiales para mirar las filigranas, de todo”.

Agregó que, pese a eso, reunir los ejemplares que te interesan no es costoso “salvo que quieras uno muy raro”.

Cómo se hace para ganar un premio

El coleccionismo de estampillas no es una actividad privada. Además de los clubes de intercambio, hay también exposiciones nacionales e internacionales donde se premia al que hace la presentación más original.

Para esas exhibiciones, se colocan las estampas de manera ordenada en una vitrina. No gana el que tiene la figura más rara, sino el que le cuenta al público la historia más interesante. La consigna es que casi no haya texto y las imágenes hablen por sí solas.

En la exposición nacional de Córdoba de 2014, los neuquinos Eduardo Bengolea y Eduardo Canelo se quedaron con el oro en sus categorías, sobre un total de 138 expositores.

En Argentina existen dos formas básicas de conseguir sellos postales. Una es acercarse a cualquier oficina del Correo Argentino que posea el servicio de venta filatélica, o a los comercios filatélicos, y comprar sellos postales.

La otra es comprar o canjear estampillas, tener en cuenta que no estén rotas ni sucias, que el matasellado no afecte su nitidez, que el dentado esté completo y que estén bien centradas, es decir, con su diseño equidistante de los bordes blancos. Luego, se debe buscar la mejor forma de conservarlas.

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