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Guerra de afiches: práctica actual de la vieja política

Las pegatinas sólo generan mugre e irritan a los vecinos.

Mario Cippitelli

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Neuquén.- Caminar por algunas calles de la ciudad de Neuquén es una forma de revivir la frenética campaña electoral por las elecciones del domingo. Es una manera de reencontrarse con caras sonrientes adornadas de promesas y eslogans. Y es a la vez la confirmación de que todos los partidos políticos en su conjunto no aprendieron aún a seducir al electorado sin las pegatinas, enchastres y pintadas de todo tipo, como si la sociedad estuviera viviendo a principios del siglo XX, cuando no había otras formas de propaganda que no fueran consignas impresas en papel estampadas en las paredes.

Aunque pasaron los años y la era digital trajo tecnología, medios masivos de los más variados y nuevas formas para la comunicación, en Neuquén se empapeló y se pintó todo lo que se pudo. De arriba abajo.

Afiches pegados unos sobre otros, algunos arrancados de cuajo, pintadas en aerosol sobre paredes, fachadas y hasta persianas comerciales que alguna vez estuvieron limpias, son el reflejo del trabajo que les espera a algunos propietarios, si es que las fuerzas políticas que participaron en las elecciones no se hacen cargo.

Sin embargo, más allá de las acciones y responsabilidades que le caben a cada quien, sería bueno preguntarse hasta dónde son efectivas este tipo de propagandas que cuestan grandes sumas de dinero y que lo que más generan es mugre y bronca en la gente común, es decir, entre los votantes. Sería saludable conocer la opinión del dueño de una pared recién pintada con respecto al afiche de tal o cual candidato que le acaban de estampar como una supuesta forma para convencerlo de que lo vote. O una pintada en la vereda o en un postigo que demandará varias horas de trabajo hasta que finalmente desaparezca. Probablemente, el resultado sería todo lo contrario al buscado.

Desde el Cabildo...

Las primeras propagandas callejeras comenzaron a hacerse populares en las vísperas de la Revolución de Mayo, en 1810, y la declaración de la Independencia, en 1816. Era algún común en esos tiempos estampar las proclamas y convocatorias, puesto que no había demasiados medios para establecer un contacto con la gente. Lo mismo ocurrió durante la dura puja entre unitarios y federales donde las paredes de los pueblos se ensuciaron “contra los impíos unitarios” o “contra el tirano Rosas”. Una guerra de papeletas y enchastres que por aquellas épocas parecía la más apropiada.

Con el correr de los años, esta práctica se mantuvo y hasta se acentuó en cada uno de los comicios que se celebraron en la Argentina. Por todos esos afiches pasaron Yrigoyen, Balbín, Perón, entre tantos, con resultados variados e iguales consecuencias.

Esa forma de propaganda que debería ser parte de la historia se sigue practicando en la actualidad, sin que nadie se haya puesto a pensar en el costo y el beneficio que puede llegar a tener esta singular propuesta de comunicación.

El famoso “paradigma de los cinco monos”, en el que se experimenta el comportamiento costumbrista y nada racional que tienen cinco animales encerrados en una jaula, a los que se les aplican ciertos estímulos y se los va retirando hasta que ninguno de los cinco queda adentro, pero todos se siguen comportando de la misma manera, sería la mejor forma de explicar el porqué de una práctica obsoleta que, lejos de generar empatía, causa irritación y rechazo.

Tal vez una buena manera de mostrar seducción a través de la inteligencia sería que los partidos políticos se renovaran en su forma de propaganda utilizando los medios modernos que hoy ofrece la tecnología, sin que esto implique ensuciar la ciudad o joderle la vida a la gente. Sería una excelente demostración de que las cosas evolucionaron y que se abandonaron prácticas ancladas a la historia, que hasta ayer nomás sólo se comprendían con viejos experimentos con paradigmas y monos.

Desde la lejana época de Rosas

Durante la época de pujas entre unitarios y federales, era común la pegatina de afiches y pancartas a favor y en contra de Juan Manuel de Rosas.

Algunos eran por demás explícitos como los que se muestran en la foto.

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