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Hace 40 años enmarcan los mejores momentos de los neuquinos: desde los cuadros más curiosos a los más pedidos

El legendario negocio de enmarcados de la ciudad guarda cientos de recuerdos de grandes y chicos.

El oficio de encuadrar es casi de otra época, pero aún hoy son muchos los que disfrutan de tener un cuadro en su living o de atesorar detrás de un vidrio un diploma. Esas personas deben recurrir a Neuquén Cuadros, el legendario local de enmarcados de la ciudad, que estuvo por cuatro décadas en la esquina de Juan B. Justo y Jujuy, y que hace unos meses se mudó a Córdoba 85.

Quién no recuerda haber pisado esa esquina para enmarcar una vieja lámina, un título universitario y hasta primario en las primeras épocas, una foto, la huella de su hijo o tantos otros tesoros.

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Y allí siempre estuvo el “flaco de los cuadros”, Raúl Giménez, el protagonista de este tradicional local neuquino quien estuvo al frente hasta su partida el año pasado, pero que dejó un gran legado que hoy continúan sus empleados e hijos.

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Todo comenzó allá por la década del 80, los primeros dueños de ese negocio eran dos jerárquicos de la empresa petrolera donde trabajaba Giménez, que no tardaron en convocarlo a sumarse por sus conocimientos en carpintería y su facilidad para aprender.

A menos de dos años, aquellos hombres decidieron vender el fondo de comercio del local, y el comprador cantado fue Raúl. Ahí comenzó la verdadera historia de "Neuquén Cuadros", comercio que el flaco supo hacer crecer y también modernizarse con los cambios de las costumbres de la sociedad.

Al principio el local daba pérdida, por eso Raúl continuaba trabajando en la petrolera, pero de a poco empezó a salir a flote y se extendió hasta la esquina donde había lugar para no solo atender, sino también enmarcar.

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“Yo me crié en el local, imaginate que existe desde antes que haya nacido. Con mis viejos vivíamos en un departamento que estaba arriba del local y me la pasaba ahí. Al igual que mis hermanos, mamamos el oficio de chicos, porque ayudamos a mi viejo, armábamos cuadros, también atendíamos”, contó a LMNeuquén Gonzalo Giménez, el hijo mayor de Raúl.

Gonzalo, Aike y Luz, los hijos del flaco, fueron los que decidieron el año pasado que "Neuquén Cuadros" no podía cerrar sus puertas, que los largos y duros años que su padre le dedicó debían continuar y con el oficio más que aprendido por los trabajadores siguieron adelante. También la ex esposa de Raúl, Susana Castilla, fue un gran pilar de este tradicional local neuquino. Por muchos años fue la cara visible en la atención al público de las mañanas y una fiel pilar para lo que vino luego.

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"Guillermo Vázquez hace 31 años que se sumó al local. Guille fue el fiel escudero de mi viejo, estuvo al lado de él durante 30 años y es el que hoy en día tiene todo el conocimiento. Él es palabra santa. Si bien cada uno de los tres hermanos estuvimos trabajando en el local en distintos momentos de nuestras vida, él es el que sabe todos los gajes del oficio”, consideró sin dudar Giménez.

Gonzalo contó que si bien en el momento del fallecimiento de su padre ninguno de los tres hijos se encontraba trabajando en "Neuquén Cuadros", decidieron seguir adelante para no tirar por la borda tantos años invertidos en ese proyecto. “Por eso decidimos que esa rueda que venía girando, siga girando, que esos tres empleados no se queden sin trabajo, y seguir el legado de mi viejo. Nos mudamos a un lugar más céntrico, más accesible para los clientes”, compartió.

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También hubo un cambio de imagen del local, hicieron un nuevo logo, incluyeron nuevos productos como espejos redondos y con luces.

El oficio de enmarcar

Guillermo Vázquez llegó a "Neuquén Cuadros" con apenas 16 años. Empezó lijando marcos y paso a paso se convirtió en el heredero del oficio.

En los primeros años compraban las maderas para hacer los marcos. Hacían todo el proceso de armar una varilla, cortar el tablón, cepillarlo, volverlo a cortar y después pasarlo por otra máquina donde se ubica la moldura de la varilla del cuadro.

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“Nosotros lijábamos los marcos, lo pintábamos de distintos colores, colores que ya teníamos previstos que eran los que más se usaban o del color especial que el cliente pedía”, contó a LMNeuquén Vázquez.

Una vez listos los marcos comienza el trabajo del enmarcado. Se cortan las varillas con una guillotina, y muchas veces las láminas que se encuadran llevan un cartón que viene de diferentes colores, que le brinda amplitud al cuadro.

“Tenés que unir varios conocimientos para hacer un cuadro. Tenés que conocer de madera, de pintura, de vidrios, saber cómo se pega una lámina, qué proceso vas a usar para hacer el enmarcado. Tenés que unir varias profesiones para hacer esto”, detalló Vázquez.

¿Qué se enmarca?

En la primera época durante la década del ´80 era muy cotidiano el enmarcado de títulos de la escuela primaria. También se enmarcaban diarios, fotos y lo que más recuerda Vázquez que se usaba ya en los ‘90 era el enmarcado de láminas y óleos. Réplicas de cuadros que embellecían cualquier sala.

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Y en la actualidad lo que más enmarcan son camisetas de fútbol y títulos universitarios. Aunque siempre hay quienes guardan fotografías con momentos que no quieren olvidar de sus seres queridos.

“La gente fue cambiando en sus tendencias, al principio se compraban óleos ya enmarcados por que se vendían, en un momento se dejó de vender y se compraron otras cosas. Ahí llegaron también los espejos”, recordó.

Fueron miles los cuadros que salieron de este emblemático local durante estas cuatro décadas ininterrumpidas. Enmarcaron muchos diarios antiguos, fotos, un acta de territorio de la época de Juan Manuel de Rosas. “Recuerdo que decía muerte al unitario”, precisó el enmarcador.

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También hubo cuadros con medallas de la primera guerra mundial, que se le entregaban a los soldados, títulos de tierras de la Patagonia, un original del reconocido pintor Benito Quinquela Martín, y también otro de Raúl Soldi.

En los últimos tiempos encuadraron una camiseta de fútbol firmada por Lionel Messi, camisetas de la selección argentina firmada por todos sus jugadores, camisetas de River, firmadas por sus jugadores, la llave de la ciudad de Neuquén y la lista sigue.

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También los tamaños de los cuadros son muy variables, hay desde pequeños hasta los más grandes que tienen cerca de 1,80 metros por 1,20, que por ejemplo son mapas.

"Raúl era bastante cabrón, pero nos llevábamos bien, a él le gustaba que la gente cumpliera, y yo siempre cumplí. Él me enseñó el oficio y siempre voy a estar agradecido", expresó el fiel escudero, como lo llamó Gonzalo.

Para el hombre al frente de "Neuquén Cuadros" esta tarea es un desafío todos los días porque a pesar de que puede ser rutinario, el trabajo se realiza sobre una pieza de otra persona y eso requiere mucho cuidado.

"Cada cosa que enmarcamos no es nuestra, si fuera nuestro lo cambiamos y listo, pero algo que no es nuestro, y que para otra persona es mu valioso, se vuelve un desafío, hay que resguardarlo y cuidarlo mucho, que no se manche, que no se dañe. Y bueno por suerte hacemos un buen trabajo", consideró.

Vázquez quedó al frente del local junto a Franco Parada y Rayen Fresser, y los tres aprenden día a día sobre este viejo oficio que sigue interesando a muchas personas quienes admiran de tener, por ejemplo, un cuadro con su foto de casamiento en medio de su sala que de cuenta a sus hijos y nietos de su juventud.

El mismo mostrador

Los negocios suelen cambiar mucho su fisonomía a lo largo de su trayectoria, y más cuando se habla de un comercio que tiene 40 años de historia. Aunque desde la primera esquina de Juan B. Justo y Jujuy, hasta el actual local de calle Córdoba, "Neuquén Cuadros" resguardó un objeto sin cambios. Se trata del mostrador hecho a mano por Raúl.

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Y justamente cumplió la función para la que el lo había fabricado: "Que durara ara toda la vida". Es un mostrador de una dura madera, roble, que el por entonces joven fabricó con sus propias manos para enaltecer su comercio. Y en esa cálida madera el flaco, y su familia y sus empleados atendieron a sus clientes, pero también lo utilizaron como mesa de trabajo cuando la puerta de entrada se cerraba.

La visita oficial

En la década del '90 y en pleno crecimiento, Neuquén Cuadros recibió un crédito para Pymes que los hizo crecer aún más. En ese momento Raúl buscaba poder cortar él mismo la madera con la se hacían los marcos y para eso necesitaba una gran inversión en maquinaria.

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Fue la intendenta de ese entonces, Derlis Kloosterman, quien confió en aquel aún incipiente local y facilitó un crédito con el que se pudo concretar la compra de las maquinarias.

Entonces con esas máquinas pudieron empezar a realizar sus propias varillas para encuadrar y no comprarlas a otro fabricante. Pero la historia de aquel crédito para este comercio no terminó ahí, sino que tiempo después la propia intendenta los visitó para verificar la compra de aquellas máquinas y fue todo un suceso. Por aquel entonces no era tan habitual las visitas oficiales, al menos a los negocios chicos, así que Raúl y su empleado Guillermo lo vivieron como un gran puntapié para el futuro de "Neuquén Cuadros"

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