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La Mañana Columna de Opinión

Hambre de conocimiento

Gregorio Álvarez fue un médico, científico, historiador y escritor. Un ejemplo para los neuquinos.

La historia dice que repitió varias veces segundo grado porque se aburría. Y tenía razón. En la Chos Malal de aquella época, eran los únicos dos niveles que había de enseñanza pública para los niños que iban a la escuela primaria. Un día la maestra le pidió que dejara de estudiar porque no tenía sentido.

Por más que siguiera cursando no aprendería más de lo que ya había aprendido. Pero el pequeño Gregorio Álvarez tenía hambre de conocimiento. Cuando había cumplido los 10 años y trabajaba como mensajero en el correo, se enteró que el gobierno nacional entregaba becas para que los alumnos de distintos puntos del país pudieran terminar sus estudios en Buenos Aires. Gregorio no lo dudó y llenó la solicitud. Poco tiempo después estaría en la gran ciudad devorando libros y tratado de superarse.

Terminó la primaria, la secundaria, estudio inglés, francés, filosofía y letras y finalmente ingresó a la Facultad de Medicina de donde egresó como el primer médico de la Patagonia y con un puntaje ideal en sus calificaciones. Todas fueron 10. Se especializó en enfermedades de la piel, pero a la vez, encontró el tiempo para la literatura y la investigación del territorio neuquino que tanto amaba. Así fue que escribió numerosos artículos sobre la geografía e historia del territorio de Neuquén que recorrió una y otra vez durante tantos años.

Ayer se cumplieron 132 años del nacimiento de este hombre que dejó para los neuquinos un ejemplo de superación y sacrificio, pero también un enorme legado de conocimientos sobre la medicina, la historia y la geografía del territorio que tanto amaba.