Las heladas tardías, frecuentes en esta época del año, en 2020 se combinarán con un nuevo evento de La Niña. Con las chacras ya están en flor, ¿qué impacto tendrá la conjunción de estos dos fenómenos climatológicos en El Valle? ¿Cuál es la perspectiva y horizonte para la producción frutícola?
“Un evento Niña significa que habrá sequía y frío. Esto puede ser baja temperatura, por debajo de cero, en algún momento o temperaturas frescas por más largo tiempo, lo cual no permite que la fruta tenga desarrollo”, explicó el consultor frutícola Miguel Giancinti en declaraciones a LM Neuquén.
Mientras trascendió un estudio que afirma que La Niña ya está activa en el país, los pronósticos indican que hay probabilidades mayores al 70% de que el evento se extienda más allá de la primavera y llegue al verano.
“Los datos históricos muestran que en todo el oeste argentino, junto a la Patagonia, tienen un predominio de trimestres diciembre-enero-febrero con temperaturas anómalamente bajas cuando La Niña está activa en esta estación”, afirmaron desde el servicio Meteorológico.
Ariel Adaro, asesor técnico de Moño Azul, se mostró expectante con respecto a los pronósticos: “Nos manejamos con los informes climatológicos que van llegando. Está este frente frío que está pasando ahora y es probable un enfriamiento para mediados de octubre. Después también hay otro en noviembre, pero estamos muy lejos para confirmarlo con alta probabilidad”.
Noches de alto riesgo
¿Cuál podría ser el impacto de la combinación de la Niña con las heladas tardías?
Según Adaro, “de acuerdo a la intensidad de la temperatura, el impacto puede ser muy bajo o muy alto. Una helada en este momento, en que estamos entrando en un período de alta sensibilidad, puede dejar a un productor prácticamente sin cosecha. Abarca desde cero impactos hasta tener el 100%. Hasta ahora vemos algo en manzana o pera pero sin daño económico, no ha afectado todavía”.
“Estas heladas tardías, las últimas del invierno y principios de primavera, se dan todos los años y son noches en las que hay algo de riesgo. Normalmente tenemos estos frentes fríos, entran en septiembre y en esta época es complicado porque ya estamos con máxima sensibilidad. Si se confirma que la temperatura será de -1, -2 se podría combatir con una lucha pasiva y no tendríamos daños”, aseguró Adaro.
En el mismo sentido, Giacinti comentó que “hay eventos climáticos que vos podés combatir y otros que no. Por ejemplo, podés combatir la helada para defender tu producción, pero no podés combatir una primavera fría, que no permitiría llegar a un buen calibre”.
De todos modos, agregó que “en principio, estamos ante la probabilidad de un evento que se puede llegar a combatir. No se está percibiendo aún que el evento de Niña se traduzca en calibres más pequeños”.
A la hora de evaluar las posibles consecuencias, el analista aseguró que los dos eventos asociados “podrían hacer que esperemos entre un 15 y un 20% de pérdida de volumen a cosechar, impacto directo con menos jornales de trabajo, y una pérdida de calidad. Trabajaría la gente pero no habría un buen resultado”.
Bandera de alerta
En este contexto, el consultor levantó una bandera de alerta sobre dos aspectos que no son menores a la hora de pensar en la rentabilidad del sector: la calidad y el calibre de la fruta.
“Cuando uno analiza desde 2010 a 2019, el principal factor que explica la caída del Valle es la calidad de la fruta. Esto explica que muchos productores salgan del sistema”, dijo y agregó: “La calidad es un impacto que no se mide cuando se habla de pérdida de cosecha por helada pero está presente a la hora de hacer el balance económico de la venta”.
“Sin calidad El Valle no se sustenta y los que se cayeron fue por eso. La fruticultura de 2010 tenía 10,5 millones de jornales de gente trabajando y en 2019 bajamos a 6 millones. Se perdieron más de 4 millones de jornales entre aquella fruticultura y la de hoy. Los que mantuvieron y mantienen la actividad son aquellos que lograron mantener la calidad de su fruta”, señaló el especialista.
Giacinti fue categórico al plantear que “si el Valle tiene calibre y calidad, funciona y es rentable; si pierde alguna de las dos, se mantienen, pero no es rentable; y si pierde las dos, queda afuera de la actividad”.
Los antecedentes
“Aunque parezca increíble, en los últimos 20 años son pocos los eventos Niña que hemos tenido en Argentina. Tuvimos uno muy fuerte entre agosto de 2010 y mayo de 2011; y uno término medio que se dio entre septiembre de 2007 y junio de 2008. Después hay eventos leves en octubre de 2017 y marzo de 2018, que ocurrieron después de la floración”, recordó Giancinti.
A la hora de cruzar los datos de aquellos años con el presente, el profesional asegura que “hoy se puede pensar que El Valle tendrá una pérdida de cantidad de fruta de entre un 15 y un 20% porque la zona tiene un problema económico de capital de trabajo.
La historia te dice que el 80% de los productores han podido hacer frente a noches de temperaturas bajas. Se podrían perder entre 150 y 200 millones de kilos de manzanas y peras por temperaturas bajo cero”.
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