Homenaje a un gran poeta

Milton Aguilar era un tipo campechano y humilde, pero con el increíble talento de un artista. Daba gusto escucharlo hablar porque a cada frase y a cada palabra que pronunciaba le ponía tanto énfasis que parecía que esa charla fuera parte de un recitado, aún cuando estaba enojado. Milton era poeta, un bohemio que amaba las costumbres de Neuquén y sus raíces. Y no lo podía disimular de ninguna manera.

Lo conocí en mi infancia porque mi familia vivía a la vuelta de su casa ubicada en la calle Talero, frente al edificio de vialidad. Lo conocí mucho de chico porque su hijo Gabriel fue uno de mis grandes amigos.

Recuerdo que cuando creó la agencia de publicidad que llevaba su nombre, era común que nos juntara a todos los chicos del barrio para llevarnos a los estudios de Canal 7 con el objetivo de grabar la propaganda de la juguetería Papa Noel. Muchos todavía recuerdan aquel slogan “¡Qué cosa grande ser chicos!”, que identificaba aquel comercio.

La vida nos cruzó profesionalmente muchos años después. Nos reencontramos en los estudios de LU5 o en algún acontecimiento social donde había sido invitado.

Ayer, con alegría y emoción, me enteré que la Legislatura avanza en un proyecto para declararlo Personalidad Ilustre post mortem de la provincia. Un homenaje merecido para este ícono neuquino que parecía olvidado en el tiempo, pero que sigue presente en muchos nacidos y criados que lo conocimos.

Milton Aguilar escribió la letra de “Quimey Neuquén”. La música fue obra de don Marcelo Berbel.

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