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Ilusionados con la flexibilización, abrieron bares en plena pandemia

Dos emprendimientos neuquinos comenzaron desde cero para ofrecer cerveza artesanal incluso con limitaciones sanitarias. Esperan por la ampliación de los horarios ante la buena respuesta del público.

Durante los meses más críticos de la pandemia de coronavirus, los bares y cervecerías parecían ser un mal negocio. Sin la posibilidad de abrir los salones o con horarios estrictos, los gastronómicos atravesaban un momento complicado y no había certezas sobre una posible recuperación de la actividad. Sin embargo, también se contaron los emprendedores neuquinos que, contra todo pronóstico, abrieron bares desde cero a la espera de las flexibilizaciones.

Klover 498 y Baruk quedan en distintos barrios de la ciudad pero tienen muchos puntos en común: ambos bares abrieron en octubre y basan su propuesta en la venta de pintas de cerveza artesanal, con ambientes relajados y mesas al aire libre para los que disfrutan de las salidas de verano. Los dos locales fueron remodelados en plena pandemia, cuando los bares aún tenían permisos estrictos para funcionar.

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“Cuando le contábamos a la gente que íbamos a abrir un bar nos decían que estábamos locos, que nos convenía poner una verdulería”, se ríe José Berrocal, uno de los emprendedores detrás de Klover 498. Asociado con Leo, que es productor cervecero, se ocupaba del delivery sin costo de latas de cerveza artesanal de marca Klover. Con el encierro, cada vez eran más los que pedían estas bebidas a domicilio, por lo que pensaron en expandirse con un bar que sirviera para difundir la marca.

José y Leo trabajaron en la remodelación de un local sobre calle Juan B. Justo para crear un ambiente cervecero, con carteles de neón, pizarras artísticas y canillas de cerveza tirada. Aunque el local ya tenía cocina montada, tuvieron que trabajar con ahínco para poder abrir en octubre, cuando ya había más permisos y el calor invitaba a pedir una pinta. Desde el primer día, las mesas de la vereda se llenaron de comensales.

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Pablo Riquelme trabajó en equipo y en tiempo récord para ambientar un bar al fondo de la Avenida Olascoaga. “La gente quiere salir, ya están cansados de la cuarentena”, afirma desde el local, que cuenta con mesas de madera barnizada al aire libre y hasta bicicleteros, pensados para los que pedalean hasta el río y quieren relajarse más tarde con una cerveza.

Aunque aclara que su sustento viene de otras actividades, explica que siempre tuvo el deseo de abrir un bar. La pandemia se presentó como una oportunidad. Pablo se asoció con su hermano y juntos pensaron una propuesta para cuando se flexibilizaran los permisos.

“Al principio nos dejaban abrir hasta las 10 y la gente se quedaba hasta el último minuto, y ahora que se puede hasta las doce, pasa igual”, dice el emprendedor y aclara que lo ideal sería extender el horario incluso dos horas más. Los días más largos y las noches más cálidas abonan a esa propuesta, pero aún no están vigentes los permisos de apertura.

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Los trabajos de remodelación también tuvieron que adecuarse a las medidas sanitarias. Apurados por abrir, los emprendedores querían trabajar los domingos. Sin embargo, no podían llegar hasta el negocio en auto por las limitaciones a la circulación y también fueron reprendidos por los inspectores cuando los vieron pintando.

“Dejan trabajar a los vendedores ambulantes y nos llamaban la atención a nosotros que estábamos trabajando dentro de una propiedad”, dice Pablo. Para él, los emprendedores no se miden siempre con la misma vara y siempre salen más perjudicados los que tienen todos sus papeles en regla.

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Para los referentes de ambos bares, un local gastronómico sigue siendo una gran oportunidad para emprender incluso en tiempos de pandemia. “La gente se adaptó muy bien a los protocolos, respetan el uso de barbijo y todos los cuidados”, dice José para reconocer la responsabilidad de la clientela, que parece haberse habituado a esta nueva forma de salir a comer.

“No es fácil abrir algo en esta época”, señala Leo y aclara que siempre existió el temor de que los clientes no asistieran a los bares por el miedo a los contagios. “Sin embargo, la gente acompañó y están muy capacitados en el tema protocolar”, agrega José.

En Baruk, los emprendedores sienten cierta incomodidad cada vez que tienen que imponer las reglas de higiene. “No nos gusta tener que estar retándolos como si fuéramos los papás, para que usen barbijo o para decirles que se tienen que ir a su casa porque cerramos”, afirma el responsable.

Ilusionados con la flexibilización, abrieron bares en plena pandemia

Para Pablo, las medidas sanitarias aún frenan parte de su entusiasmo por mejorar su propuesta gastronómica. Aclara que quiso contratar un DJ para amenizar las tardes en la cervecería pero aún no existen habilitaciones vigentes para brindar shows o entretenimiento para los clientes. “La idea era que estuviera separado en una cabina y aislado para resguardar los protocolos, pero no lo permitieron”, señala.

La merma en la cantidad de contagios diarios parece ser un punto positivo para la actividad gastronómica, que tiene su temporada alta cada verano. Con estas señales, los que inauguraron nuevos locales se ilusionan con la chance de haber acertado al apostar a un negocio que parecía ahogado en los meses más estrictos del aislamiento.

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