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Inspirada en su bebé, empoderó a su abuela y su madre para hacer juguetes sensoriales

Romina Chiacchiera habló de Gennarino , el emprendimiento de ropa y accesorios para bebés que potenció el vínculo con las mujeres de su familia. 

Tres generaciones de mujeres unidas por el amor, un bebé y un emprendimiento que las fortaleció a cada una, a nivel personal. Gennarino bebé nació en febrero de este año, tres meses después de que Gennaro llegara al mundo, inspirando a su mamá con una propuesta que cambió la vida de ella, la de su abuela, Mónica Marchegiani, y su bisabuela, Ema Navarro.

El incipiente local virtual de venta de ropa, accesorios y juguetes didácticos para pequeños de hasta un año de edad, se comenzó a gestar en los últimos meses de embarazo de Romina Chiacchiera, una inquieta comunicadora social que, encantada por los regalos que su madre hacía con sus propias manos para su primogénito, empezó a fantasear con un proyecto para encauzar sus ganas de emprender y poner en valor la creatividad de la flamante abuela.

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El puntapié para el arranque, lo terminó dando -meses después- Genna, quien entusiasmó a Romina al elegir los muñecos sensoriales confeccionados por Mónica, frente a otros juguetes producidos en serie.

Inspirada en su bebé, empoderó a su abuela y su madre para hacer juguetes sensoriales

"Arrancamos con todo hace dos meses, porque -obviamente- los primeros meses de mi maternidad no fueron fáciles; Genna es el primero que tengo y todavía me cuesta agarrarle la mano. Pero ahí lo materializamos, al armar las redes para darnos a conocer", señaló con una sonrisa Romina, antes de relatar cómo convenció a su mamá de 54 años y a su abuela de 85 para hacer realidad su deseo.

"Mi familia siempre tuvo comercio, yo siempre colaboré, pero nunca habíamos hecho algo así. Mi mamá era dueña de El mágico mundo de los niños, el pelotero que estaba sobre Juan B. Justo, entre Salta y Santiago del Estero. En 2012 lo vendió y luego dejó de trabajar. Estaba en su casa, por ahí hacía algunos trabajos de costura, pero no mucho. Y cuando le dije que podíamos vender las cositas lindas que hacía, le costaba animarse. Tenía miedo que no fueran lo suficientemente lindas o no quedara tan bien como algo que se vendía en un negocio. Yo le planteaba que estaba bueno volver a lo artesanal, que esto era algo nuevo, distinto y que además tiene mucho amor porque está pensado para un nieto", sostuvo la joven emprendedora de 33 años.

En cuanto a su abuela Ema manifestó: "Ella es jubilada, ama de casa, siempre cosió para nosotros, pero nunca trabajó de la manera que lo está haciendo ahora. Se quedó viuda hace un tiempo y cuando empezamos a cranear todo, pensaba que su función iba a ser cuidar a Genna. Nosotras le dijimos que no, que se podía sumar cosiendo y ella hoy confecciona los baberos, las toallitas y se da maña para varias cosas".

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A la hora de dar cuenta de cómo se organizan, Romina destacó: "Todas sentimos que aportamos algo y todas vamos sosteniéndonos entre todas. La parte de la economía y lo contable, mi mamá lo lleva bárbaro. Yo aporto desde la novedad, la relación con los clientes, el manejo de las redes sociales y las cosas más tecnológicas -por decirlo de una forma- que ellas no conocían. Igual, a mi mamá le expliqué cómo se usa Instagram y hoy lo maneja bárbaro y también contesta los mensajes en un WhatsApp donde enviamos un catálogo. En lo que es costura, ellas dos me dicen qué se puede y que no cuando por ahí yo traigo una idea media rara".

"Lo lindo es eso, darle valor a lo que cada una pueda hacer y que todas podemos aprender. Todas nos sentimos útiles", subrayó, antes de celebrar lo bien que les está yendo con el proyecto que desde su lanzamiento -hace dos meses y medios-, crece gracias a la recomendación boca en boca y la difusión en redes sociales.

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"Lo difícil son los tiempos, darse a conocer y entrar en el mercado, pero hemos tenido re linda respuesta de la gente, sobre todo las cajitas de regalo que ofrecemos. Nos agradecen porque con poquito, quizás unos 280 pesos, pueden hacer un presente para un nacimiento por ejemplo. Nosotras vendemos ropa de marca y juguetes sensoriales y accesorios, que los hacemos nosotras. Tenemos baberos, porta chupetes, toallas 'antivómitos' que se ponen sobre el hombro para evitar manchas y bolsitas de semillas anticólicos, que se calientan en el microondas para apoyarlas sobre la pancita del bebé y distenderles el abdomen. También sirven para aliviar los chichones cuando se golpean, luego de ponerlas en el freezer", precisó.

Inspirada en su bebé, empoderó a su abuela y su madre para hacer juguetes sensoriales

"Tenemos todo tipo de opciones con precios accesibles. Lo pensamos desde mi lado como mamá que, cuando voy a comprar algo, pienso en el tiempo que lo va a usar el bebé y si se justifica o no el gasto. Nosotras tenemos cajas de regalos que van desde los 700 pesos. También propuestas de hasta 3000 mil pesos que llevan muchas amigas que se juntan para hacer un presente más grande en un baby shower, por ejemplo, o para los bebés de compañeras de trabajo", comentó.

En cuanto a los juguetes, remarcó que siguen la lógica de la corrientes pedagógica ideada por la educadora y médica italiana María Montessori. "Apuntamos a lo sensorial, a estimular a los chicos desde lo más básico, sin sobreexponerlos. Sacarlos de lo electrónico, con objetos de distintos colores y texturas de cintas y de telas. Ellos pueden conocer las diferentes cosas que los rodean a través de sus manos, de sus pies. Saliendo de la pantalla y los colores vibrantes, dejar que -de a poquito- vayan descubriendo cosas. Se pueden llevar todo a la boca porque son telas por lo general, entonces no hay peligro de cosas chiquititas que se puedan desprender. Los chicos pueden estar horas jugando con una cintita que cuelga de una tela, no les hace falta un gimnasio con luces y que sale una fortuna", sostuvo. "Las cosas de bebés suelen ser súper caras y súper efímeras, porque las usan poco tiempo, pasan a otra cosa o se rompen enseguida. Esto lo que tiene es que es duradero, se puede lavar en el lavarropas", remarcó.

Por otro lado, Romina también destacó el papel de su bebé y de su pareja. "Gennaro se porta fantástico, nos presta su habitación para sacar las fotos de los productos y es nuestro 'tester' de juguetes. Siempre viene conmigo a todos lados. Igualmente, tengo un compañero que es un papá muy presente me facilitó poder arrancar con esto", resaltó.

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-> El sueño de lanzar su propia marca de ropa sin estereotipos de género

Con la idea de que el proyecto siga creciendo a la par de Gennaro, Romina, Mónica y Ema consideran la posibilidad de empezar a confeccionar su propia línea de ropa, con diseños novedosos que nos estén signados por los estereotipos de género. "Falta un tiempo para poder llegar a eso", aclaró con cautela Romina, antes de contar que la iniciativa tiene que ver también con marcar una diferencia en ese sentido, tal como lo están haciendo ahora con sus juguetes y accesorios.

"A nosotras nos gustan todos los colores y tenemos de todo para Gennaro. Y tratamos de traer colores más neutros. Intentamos que las cosas que creamos no estén tan socialmente establecidas para nena o para varón. Soy de la idea de que las cosas no tienen género, el género se lo ponemos nosotros, pero es difícil romper con esa idea. Cuando le pedimos a los proveedores, siempre nos encontramos con el celeste y el rosa, sobre todo en la ropa para recién nacidos. También hay animalitos asociados al género y, del otro lado, esto se replica en el pedido de muchos clientes. La mayoría de las personas buscan rosa para nenas y celeste para varón. Hemos tenido gente que se lleva quizás un modelito celeste para una beba, pero son menos casos esos.

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"Yo quiero seguir creciendo pero no busco convertir esto en una gran empresa. No quiero que se pierda lo familiar. Si tenemos que incorporar gente, queremos que tengan ganas de trabajar como nosotras. No queremos tener empleados, por decirlo de alguna forma. Queremos gente emprendedora, de hecho ahora vamos a incorporar algunos artículos que otras emprendedoras nos han ido ofreciendo como los muñequitos tejidos o collares de lactancia", detalló antes de mostrarse agradecida por la comunión que logró junto a su madre y su abuela.

"Hoy que las tres somos mamás, hemos hecho una linda tribu, nos sostenemos entre todas. Mi abuela había quedado viuda hace poco, mi mamá, no se encontraba como ama de casa después de haber trabajado siempre afuera, y yo, una mamá reciente... Lo que rescato es que, más allá de la venta -que no es el sostén económico de ninguna de nosotras- esto que empezamos como un hobby, nos acercó un montón, nos da la excusa perfecta para encontrarnos varias veces a la semana, por más que los tiempos no nos den. A veces, con el trajín del día a día, una se aleja un poco de la familia y esto nos vino bárbaro porque lleva a que nos juntemos más. Es una linda experiencia unirse e ir aprendiendo de otras generaciones y compartiendo con la familia es lo mejor", concluyó Romina.

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