La ansiedad peligrosa

La columna de Stamateas. Doctor en Psicología, sexólogo clínico y escritor (www.stamateas.com.ar)

Actualmente cada vez más gente, de manera consciente o inconsciente, sufre de ansiedad. A tal punto que parecería haberse convertido en una verdadera epidemia mundial. Lo cierto es que la ansiedad cubre todas las áreas de la persona afectándola tanto a nivel psicológico como físico.

¿Qué entendemos por ansiedad?

Como lo explico en mi último libro, Calma emocional, la ansiedad es una reacción automática que nos permite accionar ante una amenaza o un futuro que percibimos negro. Es una especie de alarma del cuerpo frente a ciertas situaciones con una función adaptativa que nos habilita a resolverlas.

Si bien todos los seres humanos precisamos una pequeña cuota de ansiedad, lo cual es perfectamente normal, el problema surge cuando sentimos que ya no podemos manejarla y se transforma en ansiedad crónica. En este caso, no sólo afecta al que la experimenta, sino también a quienes están cerca.

Veamos un ejemplo:

Si yo estoy en la estación de ómnibus esperando la partida de mi micro y de pronto me percato de que este se encuentra a punto de partir, muy probablemente me levantaré de un salto de la silla para dirigirme lo más rápido posible al lugar donde tengo que subir. Se trata de una reacción útil porque me empuja a la acción. Es la clase de ansiedad que aparece frente a algo nuevo. Sin embargo, si yo estoy inquieto horas antes de tomar el micro, está claro que esa ansiedad no es buena, sino peligrosa.

¿Qué podemos hacer ante la ansiedad peligrosa?

Si nos reconocemos ansiosos, es fundamental poner orden en la forma en que enfrentamos y, sobre todo, en la forma en que pensamos la vida. La ansiedad tiende a aumentar con la falta de acción. Se calcula que cinco de cada diez personas, en algún momento, sufrirán lo que se denomina en psicología TAG (trastorno de ansiedad generalizada). Es decir, la mitad de la población.

Como mencionamos, la ansiedad es normal cuando enfrentamos un peligro o un desafío porque nos impulsa a dirigirnos del punto A al punto B. Pero cuando es excesiva e imposible de controlar puede transformarse en peligrosa y, lo que es aun peor, en patológica. Esto último ocurre cuando la persona reacciona de manera desproporcionada todo el tiempo.

En la ansiedad patológica se cae en una cadena de preocupaciones que no se logra quebrar con facilidad. Es así como solemos escuchar que muchas personas viven preocupadas por todo, incluso por aquello que ven en las noticias, que les sucede a otros y que no pertenece a su mundo privado. No son preocupaciones o temores específicos. No se sabe bien cuál es la causa de esta sensación. Por ese motivo se la llama “generalizada”.

Los trastornos de ansiedad, tan comunes por estos días, no responden a un hecho particular sino que se adquieren por aprendizaje, sobre todo, por el modo en que fuimos criados y el entorno en el que vivimos. Incluso en este tipo más serio de ansiedad, tengamos en cuenta que siempre es posible, con la ayuda adecuada, superarla y disfrutar de una mejor calidad de vida.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a bernardoresponde@gmail.com

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