Madrid.- “Todos somos sobrevivientes, la vida ya es una prueba. Yo soy alguien al que le tocó vivir una historia extraordinaria protagonizado por gente común”. Así comenzó su relato en un programa de TV español Carlos Páez Rodríguez, quien el 13 de octubre de 1972, a 18 días de cumplir 19 años, sólo pensaba en jugar al rugby en el equipo uruguayo Old Christians y coquetear con chicas. Claro que su cabeza cambió de golpe, literalmente, cuando el avión en el que viajaba junto a sus compañeros (él era el más chico) se estrelló en la Cordillera de los Andes.
Sólo él, Carlitos, y otras 15 personas podían contar la historia de su supervivencia en la montaña 72 días más tarde. Y lo hicieron con relatos profundos y con detalles que descompusieron a más de uno. No era tan héroe quien se había alimentado con la carne de un amigo, de un ser humano. Pero había que sobrevivir. “Un amigo me dijo: Carlitos, yo me como al piloto. Fue cuestión de supervivencia, luego el humano se acostumbra”, dijo el uruguayo hablando del canibalismo, dejando boquiabiertos a los televidentes. “La carne humana -agregó- la comíamos cruda y tiene el sabor de la carne de vaca. Muchas víctimas eran amigos, pero sabíamos que estábamos actuando como buenos cristianos”, aseguró Carlitos, quien en la actualidad da conferencias y charlas de liderazgo, apoyado en su experiencia.
Después de diez días pensando que un avión los había visto y que los iban a rescatar, lograron escuchar por radio que habían dado por finalizada la búsqueda del avión estrellado. “Carlitos, tengo una buena noticia: acabo de escuchar que dieron por finalizada la búsqueda. Ahora dependemos de nosotros y no de los de afuera”. Así le dieron la noticia a Páez, algo que en un primer momento le resultó fatídico aunque con el correr del tiempo asumió que fue en se momento cuando empezaron a actuar. Y una de las cosas a resolver era la alimentación. “Hicimos un pacto para no decir a quién nos comíamos. En mi caso, sólo se ha puesto en contacto uno de los familiares de las víctimas. Me preguntó si me había comido a su hijo y le dije que sí. Me agradeció por la sinceridad y ahí se acabó la conversación”, añadió el hijo del artista plástico uruguayo Carlos Páez Vilaró, fallecido hace tres años.
Si de algo se arrepiente Carlitos no es de haber comido carne humana, sino de no haberlo hecho antes. “Eso nos habilitó para otras cosas; permitió el trabajo en grupo, la transformación y la evolución del ser humano”, dijo, y recordó que recibieron una carta de felicitación del Papa en la que les decía que habían hecho lo correcto. “Durante el accidente fue como si pasara toda la vida por delante de mí en segundos y después pensé en estar bien con Dios, en rezar. La mayoría de los supervivientes nos conocíamos, éramos compañeros de colegio de entre 18 y 25 años. De alguna manera eso fue una de las cosas que nos hizo sobrevivir. Teníamos muchos objetivos en común”.
19 Los años que cumplió Carlitos en la cordillera: era el más joven del equipo de rugby.
“Un amigo me dijo ‘yo me como al piloto’. Fue una cuestión de supervivencia, luego el ser humano se acostumbra. Sabíamos que estábamos actuando como buenos cristianos”. Carlitos Páez. Sobreviviente de la tragedia de Los Andes
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