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La Cibeles, una fuente de frescura de más de 90 años

Fue el lugar de encuentro de miles de vecinos de Neuquén. Todavía se mantiene en pie.

A Félix Pérez y Pérez lo conocían como “El Chaval”, un español que -como tantos inmigrantes- llegó a Neuquén apostando al proyecto levantar una ciudad en el medio del desierto.

Además de trabajar como peluquero, a principios de los años 30 Félix abrió uno de los primeros quioscos en la Avenida Argentina, frente al Hotel Confluencia, lugar que hoy ocupa el Banco de la provincia del Neuquén. Y fue él quien donó una fuente a la que comenzaron a llamar “La Cibeles” (a modo de recuerdo a la imponente fontana que hay en Madrid) para que sea instalada en ese bulevard.

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Según relatos familiares, Félix y su esposa Benigna vivían en una casona en el Bajo de la ciudad de Neuquén, donde la familia tenía una quinta repleta de flores, pero además también había allí una fuente construida con piedras donde criaban peces de colores.

Tanto le gustaban estos animales que muchas veces Félix los llevaba hasta la Cibeles para que los vecinos pudieran apreciarlos. Sin dudas, se trataba de un atractivo, teniendo en cuenta la frescura que reflejaba ese espejo de agua en medio del arenal donde comenzaba a crecer el caserío.

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El quiosco y peluquería de El Chaval fue muy popular en Neuquén (Archivo Histórico Municipal)

El quiosco y peluquería de El Chaval fue muy popular en Neuquén (Archivo Histórico Municipal)

El quiosco fue también muy popular hasta que por una disposición municipal hubo que relocalizarlo y llevarlo a la plazoleta de Avenida Olascoaga. En ese sitio al que los lugareños bautizaron como “La Covacha”, Félix instaló una confitería y peluquería que también se convirtió en un lugar de encuentro para muchos neuquinos. A tal punto se hizo habitual que la banda de la Policía iba a interpretar un nutrido repertorio musical los sábados a la tarde para amenizar aquellos paseos.

Era común, especialmente los fines de semana, que centenares de personas concurrieran a ese sector de la ciudad para dar la “vuelta del perro”, pasar por la Cibeles para apreciar los saltos de agua, hacer sociales en el Hotel Confluencia y seguir el recorrido hasta el ecléctico bar de Félix. El espacio no era muy grande, pero estaba dividido por biombos. De un lado, los parroquianos podían tomar un trago y, del otro, se podía acceder a un corte de cabello en dos sillones que se habían instalado para tal fin. En el verano también disponían sillas afuera del local para que los concurrentes pudieran disfrutar las puestas de sol que regalaban los atardeceres.

El tiempo pasó, Neuquén fue creciendo y la fisonomía del centro fue cambiando para dejar atrás aquel aspecto pueblerino que tenía la capital.

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La Municipalidad remodeló el bulevar y la fuente volvió a lucir su frescura.

La Municipalidad remodeló el bulevar y la fuente volvió a lucir su frescura.

La Avenida Argentina se pavimentó y el tradicional hotel fue demolido, igual que muchas casas y comercios que había en esa zona. Pero la fuente que tanto adoraba Félix siguió en pie.

Este año la Municipalidad realizó una serie de obras para remodelar el bulevar y, entre ellas, se realizó un reacondicionamiento del histórico manantial artificial.

Hoy la Cibeles se muestra como entonces, colorida y fresca, con todos esos detalles y reminiscencias españolas que recuerdan la nostalgia inmigrante de tantos pioneros que vinieron desde lejos.

Su presencia es una forma de mantener vivo el pasado. Y el agua que corre, la mejor manera de alimentar las raíces de aquella cultura popular que nos quedó a los neuquinos como legado.

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