La crisis de la fruta dejó en la lona a Nueva España
Adriano Calalesina
La crisis de la fruticultura, que hoy parece estar en una etapa terminal, pone en jaque al empleo en el barrio Nueva España, un sector de chacras de Centenario que se forjó al calor de esa floreciente industria, a principios del siglo XX.
El cierre de la maderera MAM, (hacía cajones y pallets), la quiebra de Jugos del Sur SA (la juguera local) y la avanzada de loteos en zona rural están amenazando la estabilidad laboral del barrio, ubicado en el límite entre Centenario y Neuquén capital.
“Esto duele, y mucho. Este es un barrio de trabajo, la gente vive de algunas pocas empresas y de las chacras, que están desapareciendo”, dijo a LM Neuquén Juana Espinosa, una vecina que fue suspendida por MAM y que trabajaba desde 1989 en esa maderera.
Juana dice que en el barrio “ninguno tiene una clase social alta, somos todos trabajadores” y que el cierre de las fábricas, golpea a los vecinos, algunos de ellos que montan su economía alrededor de esas empresas del parque industrial.
El barrio se formó antes de la fundación de Centenario, en 1922. Fue una colonia donde se asentaron inmigrantes españoles, que dieron lugar al nombre Nueva España. Un paisaje que asombra en el sector rural y que muestra una cara de desaliento en el casco urbano.
En los alrededores, todo lo que estaba dentro del mundo de la fruticultura se fue extinguiendo con el paso del tiempo. Se vendieron chacras y aparecieron barrios cerrados, como Santa Ángela III, El Vergel y Prima Terra (abierto).
Las tierras pertenecían a familias tradicionales que trabajaban la pera y la manzana, como Álvarez, Vannicola, Martel y Galván. Pero ese relato que construyeron los pioneros se fue debilitando por la fuerza del mercado inmobiliario.
El trabajo de temporada y de invierno que tenían los peones está en crisis. Sólo algunas chacras están en producción, pero tienen dramas para seguir con la actividad.
“En el barrio estamos muy golpeados porque la gente se defiende como puede. Algunos trabajan en el Municipio (Neuquén), pero la mayoría hace changas”, agregó la vecina, que reside allí hace años.
El lugar está en medio de los cañadones de arcilla, donde se asentaron familias; tiene electricidad (en algunas zonas de manera ilegal), gas natural y hasta teléfono e internet, provistos por la Cooperativa Telefónica Centenario (CTC). Todo en medio de una geografía tan débil que, al igual que su gente, parece desmoronarse con sólo una mirada.
En la barriada supieron enfrentar las crisis. Formaron una cooperativa de dulces que también hace viandas para el petróleo. Pero hoy, el clima de ese mercado es complejo y casi no está funcionando.
Nueva España está al borde de la crisis de empleo y desencantada con la clase política de todos los partidos. Supo ser un lugar de activismo y cuna de punteros políticos, que hoy le dan la espalda.
Radiografía de un sector pobre
Pocos vecinos cuentan con cobertura social
De un relevamiento municipal realizado hace unos años con la ayuda de la Escuela de Enfermería, se obtuvo que sólo el 20% de la población tenía obra social. Por eso los vecinos pidieron reforzar su salita, denominada El Faldeo.
Los peones rurales, reemplazados por albañiles
Hubo un tiempo en que Nueva España estaba colmado de peones que trabajaban en la cosecha de manzana. Esta economía se fue deteriorando de a poco. Ahora proliferan los albañiles con mano de obra barata.
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