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La Mañana Bergoglio

La diplomacia de Bergoglio

En un gesto inédito, el Papa comenzó a desplegar gestiones para frenar la guerra en Ucrania.

Jorge Bergoglio ha vuelto a romper el molde acartonado y rígido de la Iglesia en la que manda al visitar sorpresivamente ayer la sede de la embajada rusa en el Vaticano. Según la versión oficial, fue para “expresar su preocupación por la guerra” en Ucrania.

Se dice que nunca antes en la historia vaticana un pontífice realizó un acto de este tipo, casi infrecuente, en el mundo de la diplomacia occidental. Ni siquiera con el gobierno de Italia.

La Iglesia volvió a hablar con gestos más que con palabras. Un Bergoglio maltrecho por una severa lesión en una rodilla rompió el reposo médico para visitar la legación rusa. Según la versión que el embajador Alexander Avdeev refirió a los medios de su país, el Papa quiso interesarse por la suerte que corren ancianos y niños a causa de los bombardeos rusos.

Nadie confirmó, hasta ahora, si Bergoglio se ofreció como mediador, pero tal cosa se presume. Tiene gimnasia en ese rol, tal como lo demostró para laudar entre Estados Unidos y Cuba.

Un destacado vaticanista como Sandro Magíster (ferviente opositor a los modos del obispo de Roma de ejercer el poder) escribió en diciembre: “Está claro que el pontificado de Francisco tiene dos ejes principales, religioso y político. El religioso es la lluvia de misericordia que purifica a todos y a todo. El político es la batalla a escala mundial contra la economía que mata”. En este caso, sería “las bombas que matan”.

Como sea, el inusual gesto del religioso argentino no solamente rompe el acartonado y rígido molde de la Iglesia católica, sino que confirma la clamorosa claudicación de la diplomacia para atajar una guerra absurda que estaba cantada.

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