La discapacidad no le saca la ilusión de ser taxista
Ana Laura Calducci
Marcos Ancatén es sostén de familia y vive de changas. Perdió la mano izquierda cuando era chico, en un accidente, y le cuesta conseguir un trabajo fijo. Como maneja bien desde hace años, una vecina le ofreció ser taxista.
Fue a preguntar al Municipio si podía sacar el carnet profesional, le dijeron que sí y lo hicieron completar un montón de trámites, confió a LM Neuquén.
Cuando tuvo listo todo el papelerío, empezó a recibir excusas que evitaban que el trámite avanzara a la última fase: la entrega de la licencia profesional. “Finalmente, se retractaron y no me dieron la licencia”, lamentó Marcos. “Siento que se burlaron de mí, que me discriminaron”, endilgó a los responsables del otorgamiento de licencias.
Marcos vive en Valentina Sur con su mujer y dos hijos pequeños. Cobra una pensión modesta y se gana la vida como pintor de obras, pero hace meses que no le sale un trabajo importante. Para ganar unos pesos, a veces lleva a los abuelos del barrio en auto para ir a cobrar al banco o se ofrece para manejar al hospital en una urgencia.
Se compró el coche en 2011, cuando iba a nacer su primer nene, y condujo por todo el país, anduvo por autopistas de Buenos Aires y cruzó a Chile. Su vecina de al lado, para ayudarlo a llevar el pan a la mesa, le ofreció un puesto vacante de taxista. Ilusionado, Marcos fue a mediados de mayo a la terminal a preguntar si podía tramitar el carnet profesional. Hoy tiene el B2, para vehículos familiares.
“Fui a consultar porque soy discapacitado y les comenté todo el problema. Empezaron a hablar con la doctora y me dijeron que manejaba re bien, vieron en la computadora que no tenía accidentes y me dijeron: ‘sí, señor, usted puede sacar la licencia para manejar taxis’”, recordó.
Volvió a su casa con la lista de papeles a presentar. Gastó $1500 para los antecedentes policiales, el libre deuda y los demás certificados. Ese mes no agarró ninguna changa y se dedicó de lleno a completar el trámite, con la ilusión de tener al fin un trabajo estable.
El día que llevó todo a la ventanilla, el trato fue distinto. “Empezaron a hablar entre ellos, como cuchicheando, y ahí me dijeron que no podía. Después me hicieron ir a ver al director general en el Santa Teresa”, contó.
El funcionario le explicó que solo podía ser taxista con un auto especial, con caja automática. Él replicó que no puede comprarlo y que maneja hace una década con un volante adaptado, que es lo mismo. Al final, lo mandaron a consultar en la Dirección de Transporte. “Ahí me dijeron que me estaban tomando el pelo, que me hacían perder el tiempo”, comentó.
Volvió a Tránsito y la última respuesta que le dieron era que necesitaba un pedido formal con un asesor legal. “Me dijeron que presentara como una denuncia escrita a través de un abogado, como que les estaba rogando que me dieran la licencia, y ahí contesté que se estaban burlando de mí”, recordó.
Terminó de nuevo en su casa, con la frustración de haber perdido tiempo y dinero. Afirmó que nadie le dio un fundamento preciso de por qué no lo dejan manejar un taxi. “Si en un primer momento hubieran dicho que no podía tener el carnet, me quedaba tranquilo, pero dijeron que sí y me hicieron gastar plata; por eso necesito que alguien me dé una respuesta, si esto es discriminación o si no que me digan qué es lo que sucede”, insistió.
Dos bibliotecas
Desde el Municipio fueron escuetos en la respuesta a la consulta de este diario. Indicaron que “se está analizando la legislación vigente local y de la Agencia Nacional de Seguridad Vial para tomar una definición”. Es decir que aún no está dicha la última palabra. Como Neuquén está adherida a la licencia nacional, hay varias leyes a tener en cuenta y, según cómo se interpreten, el vecino de Valentina puede tener razón o estar equivocado.
“‘¡Manejás mejor que nosotros!’, me decían”
Marcos Ancatén le contó a este diario que debió vencer muchos prejuicios para sacar su primera licencia de conducir, como le pasa ahora con el registro profesional. Indicó que obtuvo el permiso hace ocho años, porque rindió bien los exámenes y el director de Tránsito de ese momento lo ayudó a fabricar una adaptación del volante, que sigue usando hasta hoy. Recordó que cuando tramitó el primer carnet, no tuvo complicaciones. “Salí con varias personas en el auto, doctores y psicólogos, que me veían y decían ‘¡pero manejás mejor que nosotros!”, contó. Añadió que el director del área de entonces, de apellido Zapata, le ayudó a poner la adaptación al volante, porque tenía un hijo con la misma discapacidad.
Ese dispositivo le permite sostener el mando con el brazo izquierdo y liberar la mano derecha para la caja de cambios. “Empecé con el carnet F, que me lo dieron por un año para ver cómo andaba, y ahora tengo el B2”, comentó. Explicó que está acostumbrado a moverse con una sola mano desde que perdió la otra a los 9 años, cuando se cortó con una máquina.
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