La elección de los sapos

La ancha avenida del medio al final no era tan ancha y habrá que elegir entre el presente y el pasado.

La tercera vía, la famosa ancha avenida del medio, parece que al final no era tan ancha como decían. El peronismo puro, el movimiento más importante del siglo XX, ese que aún recita los postulados del General, el que se siente en las antípodas del macrismo y que ya había sepultado en el pasado al kirchnerismo, se ahogó mucho tiempo antes de llegar a la orilla, sin la fuerza ni las voluntades para armar una nueva opción fuera de la grieta, y sus votos terminarán siendo vitales para ensancharla. Con Lavagna todavía en medias, sin el traje adecuado para terciar en la pelea, la mayoría de los argentinos deberán elegir por el presente o el pasado. El futuro, que se la aguante.

Los millones de seguidores de Cristina, ese núcleo duro que asegura los votos para ir a una segunda vuelta pero que no son suficientes para un triunfo en la primera, elogiaron su movida y no solo ni dudaron de que votarán a Alberto Fernández, sino que lo harán convencidos de que es una jugada maestra. Así, elegirán como presidente a un hombre que, ayer nomás, era un traidor que no merecía perdón. Se comerán ese sapo porque nada puede ser peor que volver a perder contra Macri.

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Los seguidores del Presidente, otro puñado de millones, tampoco pestañearon tras el contraataque de Durán Barba y cía. Miguel Pichetto, perfecta imagen del peronismo al que tanto odian, será su mejor aliado. Tragarán ese sapo porque, se sabe, nada sería peor que escuchar a Roberto Navarro anunciando: “Ganaron los Fernández por amplia mayoría”.

El resto, los millones restantes, se quedaron casi sin alternativas que puedan romper la profecía de otro ballotage, condenados a votar el mal menor cuando, en el cuarto oscuro, solitos con su conciencia, definan el próximo gobierno devorándose el sapo que les cause menor dolor de estómago.

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