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La hija de una de las víctimas de la explosión en la refinería: "La empresa nos abandonó"

La hija de Víctor Herrera aseguró que desde la compañía petrolera NAO, para la que trabajaba su padre, no se comunicaron con ellos y que se enteraron del fallecimiento de su papá por las noticias.

La familia de una de las tres víctimas fatales de la explosión en la refinería New American Oil (NAO), en Plaza Huincul, rompió el silencio en medio de un doloroso momento y apuntó contra la empresa, a la que criticó por “abandonó” y falta de información.

Laura Herrera, hija de Víctor Herrera, uno de los operarios que murió en el incendio ocurrido este jueves por la madrugada, dijo a LMNeuquén que los representantes de la petrolera no les dijeron nunca nada y se enteraron del fallecimiento por las noticias. Además, reveló que aun no pueden reconocer los cuerpos.

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"Nadie nos decía nada. A la mañana los medios ya hablaban de tres operarios fallecidos, pero de la empresa nos decían que no podían confirmarlo porque no tenías los cuerpos”, contó la joven y agregó que, ante la incertidumbre por la explosión en el lugar de trabajo de su padre, uno de sus hermanos acudió al lugar mientras los bomberos trataban de contener las llamas para ver si podían obtener información, pero solo encontró dolor y angustia.

Nadie les decía nada, pero todos los presentes sabían que era casi imposible que alguien hubiera sobrevivido al voraz incendio. “Mi mamá decía que ella no creía que mi papá estaba muerto hasta que alguien de la empresa, un responsable, se lo confirmara. Recién a eso de las siete de la tarde (15 horas después de la explosión) llamó una persona de Recursos Humanos, pero dijo que no podía confirmar que mi papá había fallecido porque no podían reconocer los cuerpos cuando desde el mediodía ya todos habían publicado los nombres”, señaló.

“Un montón de veces mi papá llegó a casa y nos contó que algo se había incendiado y hubo que apagarlo con un matafuego. Cuando esto pasaba solía decir ‘nos salvamos de pedo’”, contó Laura Herrera.

Laura contó que el primer contacto real con algún representante de la empresa para la que trabajaba su padre lo tuvieron el jueves a las 22, cuando el dueño de NAO se acercó a la casa de su madre a darles las condolencias. “No necesitamos el pésame, necesitamos que se investigue por qué los operarios trabajaban en esas condiciones. La semana anterior ya les habían hecho una inspección, pero desde la empresa no hicieron nada”, dijo la joven.

Además, Herrera aseguró que temen que quieran culpar a su padre o alguno de sus compañeros fallecidos por el accidente cuando en realidad “no trabajaban con las condiciones de seguridad adecuadas”. “Un montón de veces mi papá llegó a casa y nos contó que algo se había incendiado y hubo que apagarlo con un matafuego. ¡Con un matafuego en una empresa de ese tipo! Cuando esto pasaba solía decir ‘nos salvamos de pedo’”, agregó.

A pesar de que pasaron dos días desde el accidente, la joven reveló que todavía los cuerpos no pudieron ser reconocidos mediante las autopsias realizadas, por los que se les realizarán muestras de ADN que tardarán poco más de un mes. “Vamos a velarlos a los 3 para que puedan descansar en paz y después van a quedar en depósito hasta que se puedan reconocer los cuerpos”, dijo.

Víctor era papá de seis hijos, la menor aún se encuentra estudiando. “Él era un hombre saludable, nunca se enferma, iba a trabajar feliz. Ayudaba a todos los que podía, en la empresa los empleados más jóvenes le habían puesto el apodo de ‘el viejo’, porque era el que más antigüedad tenía”, contó Laura a LMN.

Victor Herrera

Un día como cualquier otro

Ese fatídico jueves 22 de septiembre, Víctor se fue de su casa a las 23:30 como hacía cada vez que le tocaba el turno noche. Primero cenó con su esposa y se arregló para trabajar el primero de los tres días que trabajaría de 00 a 8 de la mañana.

“Él trabajaba tres días de tarde y tres días de noche. Nunca pensamos que Dios nos lo iba a arrebatar de este modo”, observó su hija.

Esos turnos nocturnos los realizaría con dos de sus vecinos Fernando Jara, de 34 años y Gonzalo Molina de 31. Pero a las pocas horas de ingresar a trabajar sucedió la explosión que terminó con la vida de los tres operarios y que dejó abiertos interrogantes sobre las condiciones de seguridad en que los trabajadores petroleros trabajan.

“Nadie nos va a devolver a mi papá, no sacaron a una persona llena de vida, con proyectos, amado por sus hijos, sus nietos. Le sacaron a mi mamá a su compañero de toda la vida. Queremos que se haga justicia, que los responsables paguen y ellos –Víctor, Fernando y Gonzalo- no sean los chivos expiatorios, que culpen”, concluyó.

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