La historia detrás de una canción de los Beatles que se convirtió en un himno

Paul McCartney compuso de unos de los hits de la banda para el hijo de John Lennon.

Por Sofía Sandoval - ssandoval@lmneuquen.com.ar

"Hey Jude, no lo estropees, toma una canción triste y hazla mejor", se escucha en la mítica melodía que los Beatles editaron a fines de agosto de 1968. Era Hey Jude, el primer sencillo del icónico Álbum Blanco, el primero lanzado bajo el sello Apple y una de las canciones más famosa de la banda, que vendió más de tres millones de copias en apenas dos meses.

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Aunque la letra y la música llevan la firma del dúo Lennon/McCartney, hacía tiempo que los líderes de la banda componían por separado. Y esta balada es de Paul. En distintas entrevistas, el ex Beatle aseguró que escribió la canción para, nada menos, que Julian Lennon, el hijo de John y Cynthia Powell, que en ese entonces tenía apenas cinco años y estaba afrontando el divorcio de sus padres.

Para algunos, la canción para Julian deja traslucir el descontento que sentía Paul McCartney hacia la nueva relación de su compañero de banda, que tenía los ojos fijos en su nueva novia, Yoko Ono, y recibía gran parte de su influencia. Sin embargo, el propio John interpretó que la letra de Hey Jude era una arenga de su compañero para salir de su matrimonio anterior y lanzarse a los brazos de la artista asiática, por la aparición de la frase que expresa “You were made to go out and get her” (estabas hecho para salir y conseguirla).

Otras frases, sin embargo, podrían interpretarse como un dejo de recelo hacia el propio John, que parecía haber descuidado su vínculo con su pequeño hijo. En un fragmento, el tema pronuncia “Don’t carry the world upon your shoulders, for well you know that is a fool who plays it cool by making his world a little colder” (No te cargues el mundo en los hombros por quien ya sabes que es un tonto que se hace el cool haciendo de su mundo un lugar más frío).

Los registros fotográficos dan cuenta de la estrecha relación que unía a Paul con el pequeño Julian, que quizás recibió su nombre en homenaje a Julia, la mamá de John y otra de las musas para una canción de la banda británica. McCartney fue el único Beatle que acompañó a la ex esposa y el hijo de John en el duro momento que atravesaron tras el divorcio, y la canción llegó a la mente del músico mientras manejaba su auto para ir a verlos.

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Paul llevaba más de una hora conduciendo hacia Surrey cuando decidió apagar la radio y pensar en una nueva melodía. Entonces, apareció la primera frase de la canción. “Hey Jules, don’t make it bad”, cantó Paul desde su butaca de coche, pensando que esa simple frase le transmitiría al niño que todo iba a estar mejor.

"La separación de ellos me había dejado particularmente desolado. Pensé esa melodía para confortar a Julian. Era un mensaje esperanzador para ese chico", señaló el músico en una entrevista.

Uno de los grandes interrogantes aparece con el nombre. ¿Por qué Jude y no Julian? Paul afirmó que modificó el nombre propio porque sonaba mejor. Así, creó el sencillo más extenso de la banda y una canción que forma parte de todos sus conciertos hasta la actualidad. Aunque McCartney tiene más de 500 composiciones para elegir y confeccionar un listado para sus shows, Hey Jude siempre permanece en la lista porque, según él, es la que más emociona a su público.

"Es una canción divertida y es genial entregársela al público y sentir ese espíritu de comunidad. Es fantástico ver cómo todos la cantan y por eso siempre la mantengo en mis conciertos", detalló.

Durante su grabación, que se realizó entre Abbey Road y Trident, en Londres, se contó con la participación de 36 músicos clásicos: 10 violines, tres violas, tres violonchelos, dos contrabajos, dos flautas, dos clarinetes, un clarinete bajo, un fagot, un contrabajo, cuatro trompetas, dos trompas, cuatro trombones y un instrumento de percusión; 35 de esos intérpretes también participaron en los coros y acompañaron las palmadas de los cuatro de Liverpool, que convirtieron a la canción en un ícono pop.

Pensé esa melodía para confortar a Julian. Era un mensaje esperanzador para ese chico

Aunque Hey Jude es musicalmente simple y tiene apenas tres acordes, el final con las palmas se erige casi como una canción en sí misma y su duración de 7:11 minutos logró cambiar la visión de las emisoras de radio, que consideraron que los oyentes se quedaban a escuchar canciones largas si éstas eran buenas. La irrupción de los Beatles permitió a otros músicos llegar a las radios con canciones de larga duración, en un esperado alivio para los operadores y disc jockeys.

Aunque los críticos no la reconocieron de inmediato, en el año 2001, fue incluida en el Grammy Hall of Fame; en 2011, se la declaraba como la octava canción más grande de todos los tiempos.

En una reciente entrevista con la revista GQ, el propio McCartney reveló una anécdota particular en relación a esta composición. “Me gustaba el nombre de Jude, no sabía que significaba judío”, bromeó.

Por esos años, los Beatles tenían una tienda de moda en Londres y en su ventana hicieron una pintada con el nombre de la canción para promocionarla antes del lanzamiento. “Pensamos que así la gente que pasase por la calle o en los coches se preguntaría qué era eso”, expresó Paul.

"Un día llamó un señor muy enfadado", recordó el músico y agregó: "Aquel señor era judío y estaba muy cabreado". Entre gritos les cuestionó qué motivos había detrás de aquella ofensa, ya que escribir "Hola Judíos" en el escaparate de una tienda trajo de vuelta los peores demonios del nazismo y aquel hombre revivió los días en los que los comercios judíos eran señalados en Alemania.

El cambio en el nombre propio también confundió al propio Julian, quien se enteró muchos años después de que la canción estaba compuesta para él. "Paul me aseguró que había estado pensando en mis circunstancias, en lo que estaba pasando y en lo que tendría que pasar. Paul y yo solíamos pasar más ratos juntos, bastante más que papá y yo. Parece que hay muchas más fotos de Paul y yo jugando a esa edad que papá y yo", señaló el heredero de Lennon. En 1996, Julian pagó más de 27 mil euros por la compra de las notas de grabación del hit en una subasta.

Con una simpleza abrumadora, Paul y el resto de los Beatles demostraron que con apenas un puñado de acordes y un tarareo podían contagiar emociones a su público, que se sumaba a la entonación con la piel erizada y la emoción en medio de la garganta. Desde entonces, Hey Jude se convirtió en una especie de himno que trasciende las fronteras de la Beatlemanía.

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