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La Mañana Hermanos

La historia de los hermanos que cruzan los chivitos en un cajón

La familia Retamal López, en su tercera generación, es la encargada de mantener las tradiciones campesinas del norte neuquino en el último puesto de invernada en el Cajón de Butalón Norte, a unos 43 kilómetros de Huinganco.

La mística de las legendarias tierras del norte neuquino se nutre de su historia ancestral, de sus paisajes, de sus misterios y, lo más importante, de la historia de vida de cientos de hombres y mujeres que hacen patria cada día para que el oficio milenario del criancero no se quede en el camino y pueda perpetuarse en el tiempo de las nuevas generaciones.

Esta es la historia de los hermanos Retamal López, la historia del hermano que nunca se fue del campo y de los que siempre están volviendo. Es así que todos los años, en cada mes de octubre, sus lazos de hermandad se apretujan hasta el máximo y juntos sacan adelante a sus animales en los difíciles tiempos de parición.

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El patriarca de la familia, Ananías Retamal, hace mucho tiempo abandonó este mundo pero dejó un enorme e indeleble legado entre sus hijos y su esposa Filomena López. Los hermanos, resueltos a conservar las tradiciones y el patrimonio familiar, no cejan en sus esfuerzos de cada año para mantener en pie el capital heredado.

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Heraldo Retamal es uno de los hermanos que siempre está volviendo a sus orígenes. Hoy, la vida y el destino lo mantienen ocupado en su rol de Director de Turismo en la vecina localidad de Huinganco, pero cada año para los tiempos de parición siempre da el presente en el puesto de Lisandro, el hermano que permaneció en el campo. Al igual que Heraldo, hay otros tres hermanos que también vuelven para esta ocasión o cada vez que pueden: entre ellos hay un enfermero, una efectiva policial y un obrero forestal. Todos juntos unen recursos y voluntades para sacar adelante la crianza de los tradicionales chivitos.

Octubre, mes de las pariciones

“Si hablamos de la parición solamente, los primeros días de octubre se apartan las chivas preñadas de las cabrillas. El trabajo consiste en salir todos los días y todo el día a cuidar las chivas preñadas. Uno las deja encerradas en la noche y al otro día sale con ellas al campo, las cuida todo el día y a media tarde ya empieza el acarreo de los chivitos nacidos”, contó Heraldo. Advirtió además que “en la mañana antes de salir, lo que se hace es poder apartar las que están dando indicios de que van a parir en el día. Se las aparta y se las deja encerradas para que tengan sus crías en el corral evitando tener que traer tantos animales a la tarde”.

Heraldo siguió contando este duro proceso que es común a todos los crianceros, con más o menos dificultades pero siempre con el mismo esfuerzo. “Al apartar los animales, los que están en buenas condiciones salen al campo. Durante el día se las cuida y hay que estar atento de que no paran porque muchas dejan los chivitos tirados, sobre todo las que están flacas. Si el tiempo está frío, se busca que no se entuman, y que no paran cerca de los arroyos porque los chivitos al no pararse enseguida pueden caer al agua”. Resumió diciendo que “el cuidado consiste en estar pendiente de cada chiva para que no corra riesgo el chivito, de que no esté en los hormigueros, de caer a los arroyos y de que no se entumen por el frío”.

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El proceso de acarreo de los chivitos

Tras una intensa jornada de cuidado de las chivas y de practicar un seguimiento minucioso de las pariciones que se den durante el día, ya cuando empieza a entrar la tarde se da comienzo al proceso de acarreo de los chivitos nacidos. “No se puede hacer más temprano porque hay que darle tiempo a la mamá de que lo seque, de que le dé de mamar, de que se familiarice con el chivito; por eso normalmente se hace por la tarde”, explicó Heraldo. Al respecto y con un dejo de lamento dijo que “en general queremos acarrear a todos, pero no siempre se puede -según cuántas paran en el día- por falta de personal”.

Al respecto aclaró que “nosotros no usamos la metodología de traer el chivito y que la chiva vaya siguiendo porque de esa forma es muy lento. En cambio, nosotros usamos algo que rinde mucho más que es agarrar varios chivitos, 4 o 5, ponerlos en la maletitas o traerlos abajo del mameluco y los venimos a dejar al puesto”. Para realizar este trayecto con los chivitos al hombro se deben completar de 3 a 5 km por viaje. “Siempre depende de dónde haya parido la chiva. El mecanismo consiste en echar a los chivitos al cajoncito, cruzarlos e ir a buscar más. Después de acarrear a todos los chivitos, vamos a buscar a las mamás”, agregó.

Al momento del regreso al puesto, se trae todo el piño junto. “Traemos las chivas preñadas y las que han parido en el día y se encierran. En ese momento se hace la entrega a cada una su chivito. Hay que acordarse cuál era de cuál para entregarlos. A veces se producen los casos de que no los reconocen y se generan así los conocidos chivos guachos”, explicó.

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También comentó que, en el caso de aquellas chivas que tienen dos crías, se las apartan y se las encierra en un “chiquerito”. “Se las pone en este lugar aparte para que no se le confundan con el resto de los chivos. Este proceso es todos los días. Hay que amarrar a la tarde a las que no los quieren a los chivos para que los quieran”.

Así la historia de un día, que se repite de igual manera en la jornada siguiente. “A la mañana bien temprano el día arranca revisando el corral por si amanecieron chivas paridas, sacarlas del corral a las chivas paridas, si son con dos crías llevarlas al chiquero y si es con una sola se las lleva al rodeo. A veces se largan atadas para que amamanten al chivito guacho”, explicó.

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Los esfuerzos para salvar a los chivitos

En la vida de los crianceros, la postal emblemática que los define de alguna manera y la que todos conocen es el arreo de los animales por rutas y caminos conocidos como Trashumancia. Sin embargo hay muchos procesos que la gente no ve y no siempre conoce. “Muchas veces para tratar de salvar a los chivitos nacidos se redoblan los esfuerzos. Por ejemplo, si el chivo se entumece, tratar de calentarlo al lado del fuego o envolverlo.

En caso de lluvias siempre se entumen de frío y quedan muchos guachos. También hay que sacarlos de los hormigueros porque si no los sacás a tiempo se les infectan los ojos y quedan ciegos por un tiempo, no por siempre. No sé si las hormigas los pican o tienen algo que les hace mal a los chivos, eso no lo sé. Lo difícil es cuando una chiva queda enferma, hay que buscar un remedio casero para que pueda tirar la placenta, se usa el cilantro y el paico”, relata.

Aquí, la historia comienza a tomar aristas no tan deseadas porque muchas veces los múltiples esfuerzos realizados son en vano. “No todas las chivas pueden salvarse, más de una se muere por más que se les dé remedio casero. Otro riesgo son los pumas y los zorros. Las chivas que quedan en el campo corren el riesgo de que estos animales maten al chivito en la noche”.

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Los pumas y zorros, la especial preocupación

Muchas veces los crianceros deben lidiar con cuestiones climáticas adversas. También hay animales depredadores al acecho. “Este año los pumas estaban bastante golosos, decíamos nosotros, nos robaron 9. No pudimos traerlos a todos por falta de recurso humano para acarrearlas y porque si acarreás muchas se te juntan muchos recién nacidos en el rodeo y se te arman muchos guachos”.

En este sentido, mencionó que “en el caso de los zorros es como que hacen un control de los chivos que quedan en el campo. Los crianceros lo asimilan bastante bien de que el zorro mate, no le preocupa demasiado porque hay muchas con dos crías. Luego sirven para criar a los guachos, es decir no se desespera tanto de que el zorro mate en la noche. Por ahí uno que va de afuera como que quiere acarrear todo, pero el criancero no se preocupa tanto por eso, porque lo ve como un equilibrio natural”.

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El novedoso sistema de cajones, poleas y roldanas

Los crianceros del norte neuquino muchas veces echan mano a su espíritu de creación e invención para agilizar sus tareas y, en este caso,para salvar y a poner a resguardo la crianza de los chivitos, que son la base de su sustento económico. Así es que el sistema aéreo para trasladar de una orilla a la otra a los chivitos fue ideado y realizado por Lisandro Retamal, el criancero de la familia.

“El cajoncito lo hizo mi hermano y ya debe tener más de 5 años de funcionamiento y se ha venido mejorando con el tiempo. La primera vez que lo hizo fue con un alambre galvanizado tipo San Martín”, cuenta Heraldo. Refiere además que el cajón es bastante rudimentario, hecho con maderitas de las que había en el puesto y viaja por encima del agua del arroyo Butalón de una costa a la otra llevando en cada viaje a los chivitos recién nacidos. El cajón se arrastra manualmente sobre un par de alambres y cables atados a algunas salientes de las bardas.

“Antes el cajoncito se sujetaba al alambre a través de unos enganches fabricados con pedazos de cubiertas de vehículo y lo arrastrábamos con una polea de una orilla a la otra. Había que hacer mucha fuerza entre dos personas para hacerlo deslizar de uno a otro lado”, recuerda Heraldo. Con el tiempo el sistema fue mejorando con la incorporación de una rueda de carretilla vieja y unas roldanas, lo que alivió sustancialmente la tarea.

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Para esta temporada se debió reubicar el cajón, ya que la furiosa tormenta que se abatió sobre el paraje hace unos meses propició el corrimiento del curso del arroyo. “La nueva ubicación del sistema aéreo de traslado de los chivitos es más beneficioso ya que quedó en pendiente y se asemeja bastante a una tirolesa lo que hace más fácil el traslado”. El nuevo recorrido del arroyo Butalón es más angosto lo que agiliza aún más la tarea.

“Está más práctico que nunca porque se cambiaron las roldanas, está empinado y es corto el tramo. Otras veces había que “bracearlo bastante” porque el arroyo estaba más ancho y los lugares donde se podía acomodar eran bastante lejos. Todo el sistema es totalmente de invención casera y artesanal de mi hermano Lisandro. Hoy, prácticamente no se hace fuerza porque para tirarlo para el otro lado funcionan las roldanas y de regreso para la margen izquierda donde está el puesto vuelve automáticamente por inercia”, señaló. Si bien el sistema funciona correctamente, Heraldo sostiene que lo que habría que modificar son los anclajes de los cables y alambres sobre la barda para una mayor seguridad y durabilidad. En resumidas cuentas, Heraldo sostuvo que “todo el sistema es bastante precario y artesanal pero muy eficiente”.

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Los chivitos nacidos en el día se trasladan

“Los chivitos que son trasladados en el cajón son los chivitos que nacen en el día, no se les puede dejar en el campo porque sino los zorros los matarían”, sostuvo Heraldo. Al respecto explicó que “el lugar donde se cuidan las chivas preñadas hay pasto a 4 o 5 km. Del otro lado donde se da la parición está el puesto. En ese lugar se tienen las chivas paridas, las mostrencas y los pequeños, el rodeo y la casa. Por eso se hace cruzar el arroyo a través de un puente a las chivas preñadas para pastorearlas en un lugar donde hay más pasto y que no es tan lejos porque si uno las tuviera que llevar desde el mismo corral habría que recorrer entre 10 y 12 km para encontrar pastos”.

Al cruzar el puente hay un ahorro importante en distancias, de igual manera al utilizar el cajón aéreo. “Te ahorra tiempo porque cuando uno viene con los chivitos para llevarlos al rodeo en vez de dar la vuelta hasta el puente como lo haría con las chivas, el cajoncito evita subir una barda que es un cuello de botella que es difícil sortear con los chivos en brazos y dar la vuelta hasta el puente y después volver hasta al puesto que queda mucho más arriba”.

El ciclo de los chivitos, si todo marcha bien, seguirá con los tiempos de trashumancia en diciembre próximo, cuando los hermanos se vuelvan a reunir para llevar todos los animales a la veranada en Los Chenqueles, camino a la zona de Los Cerrillos donde están las nacientes del río Neuquén.

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--> Una vida entera dedicada al ganado

Lisandro Retamal es el único de los 9 hijos de Filomena López y Ananías Retamal que se dedicó exclusivamente a la crianza de animales. No es trabajador en el Estado sino que el campo le brinda el sustento económico.

“Mi hermano durante todo el año le pone el cuerpo a la crianza y cuida de los animales de los pumas y de todos los daños que hay en el campo. Es el que arrea, el que va a las veranadas y el que mantiene las tradiciones campesinas y que es el único que se ha quedado en el puesto de invernada. Nosotros como hermanos, a pesar de los compromisos como familia y como empleados en distintas reparticiones públicas, para estas fechas cada uno hace un tiempito o reservamos licencia o vemos la forma de poder ir a acompañarlo y echar una mano”, contó Heraldo.

“Todos estamos agradecidos de nuestros padres por enseñarnos la cultura del trabajo y de cómo afrontar la vida en distintas circunstancias. Y estamos felices también porque nunca perdimos el espíritu y el amor de hermanos”, cerró.

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