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La historia de Rucio Capucha, el perro callejero que encabezó las manifestaciones en Chile

Se hizo popular por atacar a los Carabineros. Tras ser herido por un camión hidrante, fue adoptado por una familia.

Por Sofía Sandoval - ssandoval@lmneuquen.com.ar

Su foto más famosa lo muestra enseñando los dientes. Con el pelaje dorado empapado y la cabeza bien en alto, desafiando al enemigo. En el suelo, el agua del camión hidrante inunda la calle y le moja las almohadillas de las patas. A los lados, un encapuchado se refugia de la violencia del chorro, mientras un compañero se deja mojar cubierto por la estrella blanca y el fondo azul de la bandera chilena.

Él es un perro callejero y no tenía ningún nombre propio. Hasta hace poco tiempo, cuando deambulaba por la plaza Italia de Santiago, adoptaba el apodo o el chistido que le imponían los transeúntes al azar. Ahora, y desde que se iniciaron las manifestaciones en Chile, este perro con aires de Golden Retriever ya tiene nombre: se llama Rucio Capucha.

El animal de pelaje amarillo se convirtió en un verdadero símbolo de las protestas callejeras en el país trasandino. Como si supiera de qué lado prefiere estar, acompaña a los manifestantes encapuchados que arrojan piedras contra la Policía y enfrenta a los Carabineros chilenos con una actitud temeraria.

Rucio acompaña a la primera línea de manifestantes en una serie de protestas conocidas como “Chile despertó”, que comenzaron a desarrollarse el pasado octubre luego de que el gobierno anunciara la suba del boleto de subte a 30 pesos chilenos. El incremento fue el detonante para una serie de reclamos que tomaron las calles de Santiago, Valparaíso y otras localidades trasandinas y que dejaron como saldo un número oficial de víctimas que llega a los 25 fallecidos, aunque las denuncias populares hablan de un número mayor.

Las fotos del perro lo muestran ladrando con ferocidad y sin miedo a los gases lacrimógenos o a los camiones hidrantes con que las fuerzas de seguridad reprimen las manifestaciones. Los chilenos le dan agua en la boca y, a veces, lo visten con un pañuelito rojo que recuerda a otro héroe canino.

Es que su impronta lo asemeja al Negro Matapacos, un mestizo de pelo oscuro que llevaba un pañuelo idéntico y acompañaba a los estudiantes universitarios que se manifestaron en Chile en 2011. Él fue el primero en atacar a los Carabineros y convertirse en un ícono de las luchas callejeras gracias a un perfil que le crearon en la red social Facebook.

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Aunque muchos pensaban que el negro era un animal callejero, María Campos lo había adoptado en 2009 y le daba un lecho para dormir en su propia casa. Era ella la que le amarraba el pañuelo en el cuello y le abría la puerta para que saliera a enfrentar el fragor de la batalla.

Tras salir herido de una pelea con otro perro y superar las heridas que sufrió luego de ser atropellado, el Negro falleció de causas naturales en 2017, pero su historia permaneció latente hasta la actualidad, cuando las acciones de Rucio lo trajeron otra vez a la memoria colectiva.

Hay quienes afirman que el perro de Plaza Italia es la reencarnación de ese can negro que atacaba a los Carabineros. Hay quienes critican a los manifestantes por dejar que un animal participe de los enfrentamientos. Lo cierto es que Rucio se queda de su lado y aporta toda su energía para las luchas cotidianas.

Rucio da batalla y ya tiene sus heridas de guerra. El chorro violento del hidrante penetró su pelaje de trigo y lo lastimó en el medio del lomo. Tuvo heridas, moretones y una contusión en el pulmón izquierdo, por lo que un grupo de voluntarios y proteccionistas denunciaron su situación.

Aclararon que el animal estaba “en primera fila, con el “pueblo”. Atento a la lucha, al desorden, a la pelea. Y aunque puede sonar súper romántico, no lo es. Porque cuando todos se van a sus casas, él se queda solito. El “pueblo” con el que lucha, se olvida de él. No tiene una comida ni una cama que lo esperen todos los días. Ni alguien que le cure las heridas”.

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La fama de Rucio no le alcanzaba para procurarse una vida mejor. Muy pronto, el perro tuvo su propio perfil en Instagram, que ya acumula unos 44 mil seguidores. Su hocico aparecía en dibujos que se viralizaban a modo de una estampita digital y todos les rendían honores, pero él seguía durmiendo sin amparo en algún lugar de la plaza, que fue rebautizada como Plaza de la Dignidad.

Un grupo de tres proteccionistas se convirtieron en sus hadas madrinas, y lo llevaron a un veterinario para que le dé los cuidados necesarios. La siguiente foto en Instagram mostraba al perro amarillo con un collar isabelino, una especie de cono blanco que impide que el animal se relama sus heridas.

“Tras pasar varios días de prueba con su adoptante, la familia por temas personales no podía darles los cuidados necesarios para su adaptación, por esto, a pesar de todo el cariño y amor que le estaban entregando, hemos decidido iniciar nuevamente un proceso de búsqueda para un hogar definitivo para él”, señalaban sus cuidadoras, dando cuenta de una nueva batalla para el perro.

Mientras seguía en la clínica veterinaria para el tratamiento de sus heridas, las proteccionistas se desesperaban al no encontrar un nuevo hogar que recibiera a Rucio. Los manifestantes compartían su foto en una nueva cruzada, que apuntaba a dar con una familia que le diera una vida de mascota y no esa que parecía haber elegido él, enfrentando los gases lacrimógenos.

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Esta semana, la vida de Rucio cambió. Sus fotos en Instagram lo muestran al borde de una piscina y el epígrafe da cuenta de su nueva rutina, al calor de una familia y en contacto con Chola y Manchita, sus nuevas hermanas caninas.

“Yo me he sentido bastante bien con esta familia, y hoy día me tenían un pastelito especial para perros, muy sano, para darme la bienvenida. Obvio que me lo devoré”, le hacían decir sus cuidadores al animal a través de las redes sociales.

Las nuevas fotos de Rucio lo muestran con otro perfil. Ya no muerde a los carabineros sino una pelotita de goma comprada en algún pet shop. Y no marcha en las manifestaciones sino bien cerca de sus nuevos dueños, que lo llevan de paseo con correal y con pretal. Le queda, sí, su eterno pañuelito rojo y los mismos ojos café que muchos recuerdan de los enfrentamientos.

“A pesar de que extraño la calle, las marchas y la Plaza de la Dignidad, el hecho de tener amor, cuidado, y comida, es algo que nunca imaginé. ¡Me dicen que me merezco esta vida por haber expuesto mi vida por la dignidad de todes!”, afirma su última publicación.

Me veo lindo? Cómo están amiges? Yo aquí portándome como un ángel . En mis paseos me portó súper bien y ya tomo agua del plato y no de la piscina. Anoche dormí en la pieza de mis nuevos dueños. A pesar de que extraño la calle, las marchas y la Plaza de la Dignidad, el hecho de tener amor, cuidado, y comida, es algo que nunca imaginé. Me dicen que me merezco esta vida por haber expuesto mi vida por la dignidad de todes! Gracias a los que mandan buena vibra y ya les presentaré a mis hermanitas!

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