Colonia, definitivamente somos una colonia, y si nos vieran los representantes de la primera junta de 1810 o los muchachos que sellaron la independencia en 1816, tendrían muchas cosas para decir y no por redes sociales.
Hace años que nuestras escuelas, eje de la formación y construcción de la identidad nacional, vienen festejando Halloween.
Nuestros hijos llegan chochos a casa mostrando grandes afiches de calabazas con ojos y boca, revelando que hay que ir disfrazados el 31 de octubre al colegio. Sepan disculpar que la columna salga un par de días después.
Lo cierto es que el bendito Halloween es una celebración anglosajona a la que se la vincula con la noche de brujas, pero también con los santos.
En los países hispanos, el 1° de noviembre es el Día de los Santos y el 2 el de los Muertos, según el rito cristiano.
Mención aparte merece México, que tiene toda una cultura, muy bella para mí, vinculada a la muerte y hay zonas donde se hacen grandes celebraciones.
Pero en Argentina nunca se hizo nada, salvo la misa que católicos dedicaban a sus difuntos el 2 de noviembre.
Todo el resto es la exportación de la cultura yanqui en nuestro país con mucha responsabilidad de nosotros como padres, de los docentes y obviamente de los funcionarios políticos que permiten que en la escuela se difunda un rito foráneo.
En Argentina, hace décadas se ha perdido el sentido de las fechas que conforman nuestra identidad. Todas ellas se transformaron en feriado largo, feriado puente y se busca estimular el turismo más que la formación ciudadana. Toda una política de Estado. En definitiva, ¿dulce o truco?


