La identidad neuquina

El otro día, durante la presentación de mi libro Cuentos con historias, comentaba a quienes fueron a escucharme al Museo Nacional de Bellas Artes que los neuquinos estamos construyendo de a poco nuestra propia identidad.

Ustedes se preguntarán qué es la identidad. Es el sentido de pertenencia, lo que nos hace querer la ciudad donde vivimos, más allá de que hayamos nacido en el lugar o hayamos llegado hace mucho o poco.

Es cierto que algunos lugares ya se incorporaron a la identidad neuquina. El río Limay, valorizado a través del Paseo de la Costa, las bardas, con el Parque Norte y la obra de muchos artistas como Marcelo Berbel, Emilio Saraco, Milton Aguilar y tantos otros.

Lo que nos falta para completar esa identidad tan buscada es terminar de comprender la historia de la ciudad, conocer la vida de los pioneros que hicieron patria y estudiar el pensamiento de aquellos estrategas que soñaron con una capital moderna y pujante, similar a la que tenemos en la actualidad.

Es la historia del pueblo, prácticamente desconocida por muchos, que nació a partir del sueño de Carlos Bouquet Roldán y de hombres que lo acompañaron, como Eduardo Talero o Pedro Linares y cuántos más que apostaron todo para lograrlo.

Hoy, a 114 años de la fundación, los neuquinos (nacidos y llegados) comenzamos a abrazar de a poco ese sentido de pertenencia y estamos andando el camino para la construcción definitiva de nuestra propia identidad. No tardaremos mucho en lograrlo. Después de todo, nuestra ciudad es tan joven que la historia parece que empezó ayer.

La capital ya tiene lugares y personajes que con el tiempo se convirtieron en íconos de la identidad neuquina.

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