La increíble puja entre dos maestros y una soga para medir 10 kilómetros

El insólito trabajo que tuvo que hacer Temístocles Figueroa, el primer docente nacido en Neuquén, para abrir una escuela en Huinganco, en 1922.

La polémica surgió en 1922 cuando las autoridades del gobierno nacional decidieron crear una escuela mixta en Huinganco, en el norte de la provincia de Neuquén, a partir de la visita de un supervisor de Educación que se entrevistó con pobladores de la zona.

El paraje de Huinganco, conocido como “el álamo guacho”, cobijaba a un nutrido grupo de familias campesinas que tenían que recorrer cerca de 10 kilómetros a caballo o a pie para que sus hijos pudieran acceder a los únicos tres años de educación primaria que se dictaban en la Escuela N° 28 de Andacollo.

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En la resolución del Consejo Nacional se designaba además como maestro de la nueva escuela a Temístocles Figueroa, que en aquel entonces se ocupaba de la educación de niños de 4 grado en la escuela 15 de Chos Malal (la única en la que el ciclo primario duraba seis años).

Temístocles era un joven de 28 años que había nacido en Trahuncura, un pequeño paraje cercano a Loncopué, donde se crió y convivió con la trashumancia por la actividad ganadera de su padre y conoció la cultura e idiosincrasia de numerosos pueblos de la región.

En su paraje natal cursó los tres grados de educación elemental, pero ante la imposibilidad de seguir estudiando y teniendo en cuenta que Chos Malal había quedado casi desmantelada por el traslado de la capital a la Confluencia, su padre Bartolo decidió enviarlo a Chillán para que allí pudiera seguir sus estudios.

Temístocles Figueroa, el primer docente nacido en Neuquén

En esta ciudad chilena, Temístocles se formó, en 1915 se recibió de maestro normal y finalmente regresó a la Argentina para ejercer la docencia. Así empezó su carrera.

Con el nombramiento del Consejo Nacional de Educación, el joven maestro dejó de dar clases en Chos Malal y se dirigió hasta Huinganco para buscar un lugar donde pudiera levantar la nueva escuela.

Una vecina le alquiló un galpón de adobe y carrizo donde guardaba los animales. Ese espacio debería ser adaptado para un aula que albergaría a los hijos de crianceros y mineros, a quienes se les hacía muy difícil llevarlos a la escuela.

Todo parecía marchar bien, hasta que desde Andacollo se alzó la voz de protesta. Fue el director de la escuela de esa localidad el que se opuso, fundamentando que muchos de sus alumnos que venían de lejos a estudiar dejarían de hacerlo por el centro educativo que se construiría cerca de sus casas. En varias notas elevadas a las autoridades del Consejo Nacional de Educación, el directivo recordaba además que por ley estaba prohibida la creación de una escuela a menos de 10 kilómetros de otra existente.

La puja, que parecía algo vinculado a cuestiones administrativas, tenía en realidad sus orígenes en viejas peleas políticas a partir de la competencia por ser cabecera del departamento Minas, que finalmente fue para Andacollo.

Temístocles Figueroa, el primer docente nacido en Neuquén

Más allá de esas rivalidades, Temístocles quería avanzar con el proyecto sin necesidad de reabrir viejas heridas ni reavivar rivalidades. El único objetivo era poder dar clases a las decenas de chicos que había en los alrededores.

Por eso, convencido de que el lugar elegido era ideal y que no estaba violando ninguna ley, invitó al director de la escuela de Andacollo a realizar una medición entre uno y otro establecimiento para ver si los separaban más o menos de los 10 kilómetros permitidos. El método para calcular la distancia fue simple pero efectivo.

Con el apoyo y la curiosidad de toda la comunidad, además de otros directivos que se encargarían de la fiscalización, Temístocles y su enojado colega partieron desde la puerta de la escuela de Andacollo con una soga de 50 metros para comenzar a medir la distancia pacientemente, entre los caprichos de la geografía del lugar. A caballo en los lugares más transitables, o a pie en los senderos más escarpados, la comitiva fue avanzando y sumando, hasta que los 10 kilómetros se completaron justo 100 metros antes de llegar al humilde centro educativo de barro en Huinganco. Nadie sabe si Temístocles había calculado con anterioridad el largo trayecto, pero lo importante es que tenía razón. No había cuestiones legales que le impidieran la apertura de una escuelita en esa zona.

Como durante la trabajosa medición muchos habían levantado apuestas en favor de uno y otro maestro, al finalizar el trámite se saldaron las deudas y las comunidades de Andacollo y Huinganco sellaron un pacto de amistad con mates y tortas fritas.

Temístocles Figueroa –o el “maístro Temísto”, como le decían sus alumnos- fue el primer docente nacido en el territorio de Neuquén.

Una vieja fotografía tomada en 1924 lo muestra al frente de la escuelita rancho junto a los chicos y un pizarrón apoyado en un trípode. A todos se los ve felices, más allá de las carencias y necesidades. Es que la pasión por enseñar de uno y las ganas de aprender de todos hicieron que un capítulo de la historia neuquina los tuviera como protagonistas en este increíble pero tierno relato rescatado de las páginas del tiempo.

Fuente: “Escuelas del Viento”, de Isidro Belver, en su sitio web Neuteca

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