La inflación y la voluntad

El Presidente les pidió a los empresarios que cuiden los precios, pero ellos no están para eso, sino para ganar plata.

Los empresarios están para ganar plata. Y para eso es necesario producir procesos en los que la diferencia entre los ingresos y los costos sea lo más grande posible. Las personas afectadas a los procesos productivos a cambio de un salario (mano de obra) no significan nada en términos distintos a los costos. Los empresarios persiguen ganar más plata. Y todo lo que hacen está en esa línea, incluso lo que se inscribe en lo que el marketing denomina “responsabilidad social empresaria”. La renta es el único norte.

Pedirles a los empresarios que se hagan cargo de la inflación es de ingenuo o mentiroso. O bien se inserta en algún plan que conjuga una serie de variables.

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El presidente Alberto Fernández les pidió ayer los empresarios que moderen las subas de precios. La petición en sí misma no tiene más efecto que los que genera en las tribunas propia y extraña.

El Estado tiene entre sus funciones equilibrar las necesidades de la voracidad empresaria y las de la debilidad del resto frente al poder económico. El capitalismo (los empresarios) en su acumulación inicial no titubeó en mandar a la muerte a millones de personas en el mundo para engordar la renta hasta que el hastío de las clases populares obligó a los políticos que conducen los estados a establecer límites. Más o menos, en todas partes existen.

¿Por qué los herederos de aquellos hombres de negocios que inventaron las reglas del sistema imperante van a entregar la renta a cambio de nada? La conducción de un Estado tiene entre sus alternativas el acompañamiento de los interese empresariales o el disciplinamiento del capital a los intereses generales de la sociedad. No está resuelta esa cuestión en la relación actual en el país del Estado, la sociedad y el capital.

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