La Justicia en su laberinto

La Justicia neuquina está en medio de una encrucijada de realidad que a veces deja a sus integrantes al borde del abismo.

El tema crucial es la cárcel y su discutida función rehabilitadora al igual que los dudosos métodos de convivencia puertas adentro de los penales.

Fiscales, defensores oficiales, particulares y jueces han revelado públicamente que la cárcel no cumple con su finalidad resociabilizadora y que los jóvenes que mandan a sus fauces salen mucho peor.

Ninguno de ellos miente. Obvio que hay cárceles en mejores condiciones y otras que están peores y temporadas más intensas que otras, pero la mayoría de los que pasan un tiempo a la sombra cuentan historias aterradoras.

La peor parte se la están llevando los jueces que, ante la desconfianza que tienen en el sistema penitenciario, a los jóvenes que delinquen les suelen dar penas en suspenso o que apenas los obliguen a tener un muy breve paso tras las rejas.

Esto genera un intenso rechazo de la sociedad que resulta tan entendible como la posición de los jueces.

Hay otro elemento real a tener en cuenta, y es que el sistema hoy no ofrece otra alternativa que no sea la cárcel. Acá es donde los magistrados deberían recurrir a sus saberes para obligar al Gobierno a que haga cumplir la ley.

Pero el monstruo detrás el monstruo sigue siendo el olvido que tiene el sistema judicial respecto de las víctimas y sus familias. Esas son vidas totalmente arrasadas que también hay que tener en cuenta a la hora de la pena.

Fiscales, abogados y jueces coinciden en que la cárcel no cumple con su objetivo de resociabilizar y salen cada vez peor.

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