Escribo estas líneas un viernes, con la ausencia real y dolorosa de ese esperado encuentro al que nos había convocado desde 2008 para deslumbrarnos con textos de una belleza extrema, escritos con una sensibilidad e inteligencia asombrosas que nos sumergían en ese costado desconocido, poco visitado de autores y personajes del mundo del arte. El escritor, traductor, editor y periodista cultural Juan Forn, que murió el domingo a los 61 años, practicaba el arte de contar historias los viernes en la contratapa del diario Página/12. Lo confieso, no podía empezar el viernes sin leer el texto de Forn. Era como un ejercicio de vida, de necesidad, porque su prosa los convertía en una aventura única propia de un escritor sensible, comprometido con el lector, a quien le ofrecía un mundo de nuevas lecturas. Comentó que escribía esas contratapas como una novela condensada, un cuentito que al mismo tiempo sea una reflexión. Hizo suya aquella frase de Jorge Luis Borges: “Un escritor es más que nada un buen lector”. Nadar de noche, su libro de cuentos publicado en 1991 que fue leído con especial devoción entre los jóvenes, narra la historia de un hombre que recibe la visita de su padre, muerto unos años atrás.
Los textos periodísticos de Juan Forn siempre invitaban a leer y a descubrir nuevas lecturas.
Una pancreatitis a causa de un pico de estrés lo llevó a cambiar de vida, se instaló en un pequeño pueblo de la costa atlántica donde inició una nueva vida de lecturas. Leía con la misma voracidad con la que lo hacía a los 20 años y escribía cuando sentía que tenía algo para decir. Así fueron sumándose sus textos periodísticos de los viernes que unos años después reunió en cuatro tomos con el título Los viernes. Dijo que le gustaba vivir leyendo. Es lo que desde esta ausencia sus lectores de los viernes estamos haciendo.


