El primero de septiembre el MPN hará otra demostración de fuerza. Será una como casi nadie puede hacer en esta provincia. El acto será en Zapala. El pretexto: la asunción de nuevas autoridades del partido, luego de la interna en siete localidades y el consenso entre Omar Gutiérrez y Guillermo Pereyra para el control del partido.
El gobernador conservó su posición dominante (junto a Jorge Sapag) y el líder petrolero se garantizó la minoría que ya tenía. El vice de la discordia, Rolando Figueroa, amagó y no jugó. Hay una desproporción entre en la convocatoria y el acto formal de asunción con un marco sin antecedentes similares.
Sólo lo explica el contexto. Será una formalidad, pero con olor a pelea de poder. Una vez más servirá para ver quiénes tienen los pies dentro y quiénes fuera del plato, toda vez que Figueroa profundiza la crítica, coquetea con el peronismo progre, se coloca en el lugar de la crítica al ajuste de Cambiemos, y trata de capitalizar un discurso que fuera del MPN tiene exponentes de variado tenor y raigambre partidaria.
El vice no fue a la interna del 12 de agosto: prefirió vaciarla, cuestionarla luego, y resguardarse para lo que viene, que de todos modos no es tan claro. ¿Dará la pelea en la interna de gobernador? ¿Va por todo? ¿Puede ir por todo o sólo busca una negociación que lo posicione a futuro? ¿Dará el portazo definitivo y jugará con otro sello?
Desde la otra vereda, el sector azul que llevó a Figueroa a la vicegobernación y lo dejó como un opositor dentro del gobierno, Omar Gutiérrez usará Zapala, también, para reafirmar una posición que afianza desde hace meses: dijo que asumirá desafíos electorales. Es decir, las cartas están sobre la mesa. Todavía no se sabe ni cuántos ni quiénes van a jugar.


