La mujer está más estresada y ansiosa

La diferencia en la sensación de responsabilidades con el hombre es muy marcada.

Las mujeres tienen el doble de probabilidades que los hombres de padecer estrés y ansiedad graves. Esta confirmación se desprende de una investigación publicada en la revista The Journal of Brain & Behavior. Es evidente que hay una brecha de estrés. Erin Joyce, una terapeuta para mujeres y parejas que reside en Los Ángeles, comentó: “En la quinta edición de nuestro Manual Estadístico y de Diagnóstico de Enfermedades Mentales está bien documentado que los índices de prevalencia de la mayoría de los trastornos de ansiedad son más elevados en las mujeres que en los hombres”.

Joyce afirmó que hay escepticismo, pues muchos hombres sienten la misma presión que las mujeres en lo que respecta a cumplir con responsabilidades en el trabajo y en el hogar. En otras palabras, todos estamos bastante tensos. “No obstante, la diferencia radica en la naturaleza y el alcance de esas responsabilidades, en especial en el entorno del hogar”, dijo Joyce.

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Por ejemplo, Naciones Unidas reportó que las mujeres hacen casi el triple del trabajo doméstico no remunerado que los hombres. El problema es que con frecuencia las tareas domésticas no son consideradas trabajo, aunque sean igual de laboriosas (o en ocasiones incluso más) que cualquier empleo remunerado.

La académica Silvia Federici lo describió de la siguiente manera en 1975: la naturaleza no remunerada de las labores domésticas refuerza la presunción de que “el trabajo doméstico no es trabajo y se evita así que las mujeres se rebelen en su contra”. Pero no sucede únicamente dentro del hogar. Investigaciones de la Universidad de Nova Southeastern descubrieron que había mayores probabilidades de que las directoras mostraran “interpretaciones superficiales” que los directores, o que fingieran emociones que no sentían en realidad. “Expresaban optimismo, serenidad y empatía, aunque no fueran las emociones que sentían realmente”, según el estudio.

La interpretación superficial es un gran ejemplo del “trabajo emocional”, un concepto que la escritora Jess Zimmerman dio a conocer en un ensayo de 2015 para la antología The Toast: es el trabajo que se espera que hagas pero que nadie reconoce.

Al igual que el trabajo doméstico, el trabajo emocional en general pasa inadvertido y no se considera trabajo. Sin embargo, las investigaciones demuestran que puede ser tan cansador como el trabajo remunerado. El trabajo emocional puede provocar insomnio y conflictos familiares, de acuerdo con un estudio publicado en Personnel Psychology. Es cierto, el estrés circunstancial, como quedarse sin empleo, puede provocar problemas similares, pero el trabajo emocional no es circunstancial. Se trata de una responsabilidad permanente fundamentada en el rol de género socializado de las mujeres.

La receta es la de siempre: descansar bien, alimentarse saludablemente y hacer ejercicio.

Hay que cuidar mucho el corazón

Las mujeres son más propensas a tener alteraciones del sueño, ansiedad y fatiga antes de un infarto. El estrés está tan normalizado que es fácil que las mujeres minimicen esos síntomas pensando que son las consecuencias del estrés. Muchas mujeres no sienten dolor en el pecho antes de un infarto como sucede con los hombres, lo que hace que muy pocas se den cuenta de que tienen problemas cardíacos. Las mujeres son más propensas a fallecer al cabo de un año de haber tenido un infarto.

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