La lucha contra el COVID parece no tener fin. La frase frontal y sin vueltas la recibí de un médico a quien por su voz, cargada de incertidumbre, no me fue difícil imaginarle, desde el otro lado del teléfono, el gesto de angustia con que la acompañó. Me apresuré a describirle la cantidad de primeras y segundas dosis de las vacunas aplicadas en la provincia, incluidos los menores de 18 años con factores de riesgo que la recibirán a partir de hoy, la fuerte disminución de la ocupación de camas en las terapias intensivas… Un panorama que parecía despejar ese oscuro horizonte que transitamos desde marzo del año pasado. Sin embargo, una nueva sombra comenzó a cubrir este mundo pandémico.
La nueva variante Delta del SARS-CoV-2 del COVID-19, considerada por la Organización Mundial de Salud como una de las cuatro mutaciones más preocupantes, comenzó a diseminarse por el mundo y ya fue registrada en nuestro país. Otra vez, nadie está fuera de peligro, advierten las autoridades de la máxima organización sanitaria. Y aún más al saber que aparece sobre todo en personas jóvenes que la confunden con un resfrío. La pandemia no ha terminado, ni siquiera para las personas vacunadas. El virus sigue reinando.
En este regreso a la normalidad que podemos observar cada vez que salimos a la calle por la (supuesta) confianza y protección que brinda la vacuna, la variante Delta nos hace volver a esa realidad oscura de meses atrás.
Mientras acecha esta variante altamente contagiosa, es necesario acelerar los procesos de vacunación y completar los esquemas con el objetivo de tener el mayor porcentaje posible de la población vacunada.


