La pizzería más vieja de Neuquén cumple 50 años

Horacito, un negocio familiar que mantiene la tradición con el paso del tiempo. Generaciones de neuquinos disfrutaron su media masa.

Mario Cippitelli

cippitellim@lmneuquen.com.ar

Neuquèn.- Dice que el secreto para hacer una buena pizza está en la masa. No es más que eso: productos de calidad, claro, pero fundamentalmente la masa. Jorge Hernández lo sabe porque gran parte de su vida se la pasó amasando. Primero en la panadería de su hermano, en Cipolletti, cuando era chico y después en el negocio que ya se convirtió en un ícono de la ciudad: la pizzería Horacito, la más vieja de Neuquén, este mes cumple 50 años.

“Se amasa una sola vez por día”, ratifica Jorge, que sólo colabora con el negocio que atienden sus hijos Horacio y Claudio. Explica que el secreto es dejar descansar la masa un buen tiempo para que leude y se desarrolle. Luego es el turno de hacer las prepizzas para hornearlas y dejarlas listas para su cocción final.

En Horacito siempre se hizo la pizza media masa, más al estilo porteño. Esa es una de las características principales. Al principio eran más altas que las tradicionales, pero a medida que el gusto de los consumidores fue cambiando con la irrupción de las pizzas a la piedra (mucho más delgadas) Jorge se fue adaptando. Hoy tienen un poco menos de masa, pero mantienen el sello que las caracterizó siempre.

Lo mismo ocurre con las variedades que se basan en la tradición y que no cambiaron en todos estos años por más que en otras pizzerías se sirvan gustos de los más variados e insólitos. En Horacito hay cinco tipos de pizzas: jamón, queso, morrón y anchoas; jamón, queso y morrón; jamón y queso; mozzarella y la clásica fugazeta con cebolla. A no buscar otra porque no hay.

Tan aferrado a la tradición y a no modificar casi nada para que su producto siempre sea el mismo. La mozzarella es de la misma marca que viene usando hace 25 años. Los otros productos pueden variar, pero el queso no porque –según Jorge- es el segundo secreto para que una pizza salga rica (primero está la masa, claro). También hay otro sello distintivo que caracteriza a la pizzería más vieja de Neuquén: no tiene delivery. “No me gusta la manera como llegan las pizzas; pierden calidad”, asegura. Por este motivo, quienes deciden comprar en el local de Félix San Martín 644 tienen que hacer el encargo por teléfono y luego esperar.

Muchos de los clientes que llegan al local ya son amigos de Jorge y su familia. Es que hay algunos que vienen desde que se abrió la pizzería. “Si no son ellos, son los hijos o los nietos”, dice orgulloso. En efecto, lo conocen tanto que mientras esperan la pizza nunca falta el tema de conversación casi obligado: el fútbol. Jorge es fanático de Boca y no lo esconde. En una de las paredes del local hay decenas de posters con las formaciones que tuvo el equipo xeneize a lo largo de los años. Pero muchas veces se tiene que bancar las cargadas de algún cliente de River.

“Nunca pensé que la pizzería duraría tanto tiempo”, reflexiona con nostalgia. Recuerda que cuando abrió el local, el 23 de octubre de 1966, en la ciudad sólo había dos pizzerías: La Boca y El Álamo, que cerraron sus puertas hace tiempo.

“Estoy muy orgulloso”, dice el hombre que cumplió 81 años y ya no está al frente del negocio porque los chicos son los que heredaron el oficio y la pasión por la pizza.

Hoy, por primera vez, un empleado que contrataron es el que ayuda en la preparación; Horacio (el hijo mayor) está al frente de la caja y Claudio (el menor), el que cocina. Jorge dice que está retirado y se dedica sólo a dar consejos. El único gusto que se da es garantizar que se cumpla el único secreto que tiene una buena pizza: la masa. Por eso, todos los días temprano se levanta y se esmera por mantener ese romance alquimista entre el agua, la harina y la levadura. Lo hace con pasión y dedicación. Como cuando era un chico, como cuando abrió el negocio por primera vez.

“Los días que más pizzas se venden son viernes, sábado y domingo. En verano es más parejo porque la gente sale más y hasta viene a comprar una pizza para ir a comerla al río”. Jorge Hernández. Pizzero

216 pizzas llegó a vender en un día, durante un partido de fútbol del Mundial de 1986.

Dos hornos para reducir la espera

Después de 50 años, la pizzería Horacito (la foto corresponde a sus comienzos) está a punto de dar un giro importante en la elaboración de pizzas. Al viejo horno que sólo podía producir ocho unidades a la vez, ahora se le sumarán dos más de 18 cada uno. Por este motivo es que ampliaron el sector de la cocina donde instalarán las nuevas máquinas y, de este modo, achicarán sensiblemente los tiempos de espera de los clientes.

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