La política de los caños rotos

Firmá el contrato, por el amor de Dios!”. Bien podría ser la canción de los vecinos de la ciudad dedicada tanto al intendente Horacio “Pechi” Quiroga como al presidente del EPAS, Mauro Millán. Obviando los insultos que el estribillo tiene cuando se canta en las canchas de fútbol, la arenga no les vendría mal a los responsables de fijar las reglas requeridas para eliminar un flagelo que parece eterno: la fragilidad de las redes de agua y cloacas de la ciudad.

La pelea política entre Cambiemos y el MPN está interpuesta a la solución de los caños pinchados, cuando no agujereados, que surcan el sótano de la ciudad. Pechi tiene razón en despotricar contra el EPAS y el organismo del agua y el saneamiento tiene razón en que los servicios que presta son de responsabilidad municipal. Lo fija así la Constitución de la Provincia.

Quiroga culpa al EPAS de proceder con ineficiencia y el organismo culpa al intendente por no resolver el traspaso de la responsabilidad de atender los servicios de agua y saneamiento de la Provincia a la comuna.

Entre tantos cruces de culpas, son todos sospechosos. Pero resolver de quién es la culpa no arreglará los caños.

El principio de la solución está pendiente. Es el acuerdo marco entre la Municipalidad como poder concedente y el EPAS como ejecutor de un plan diseñado por la comuna, con plazos de cumplimiento y costos establecidos en el contrato.

Esa es la única manera de que los vecinos sepan más o menos cuándo se terminarán las pérdidas en las calles y cuánto les costará el plan para lograrlo. Mientras tanto, el escenario de las bravuconadas verbales de la política corre cada vez más riesgos de venirse a pique por cansancio de los vecinos.

Tomala vos, dámela a mí... La Muni y el EPAS se tiran la pelota de arco a arco en una cancha toda inundada.

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