La primera epidemia
Es cierto que la pandemia parece estar terminando (o al menos así lo refleja a través de algunos indicadores), pero por estos días se cumple en Neuquén un nuevo aniversario de la irrupción de una enfermedad que también tuvo en vilo a los habitantes del pueblo. Fue a principios de febrero de 1908, cuando un brote de escarlatina encendió las alarmas de las autoridades de entonces y hubo que poner en marcha una serie de medidas no muy distintas a las de ahora.
La escarlatina es una enfermedad infecciosa y muy contagiosa que se transmite entre las personas a través del aire que hoy tiene una serie de tratamientos médicos, pero que a principios del siglo pasado era motivo de preocupación porque a los que afectaba con mayor gravedad era a los niños.
La epidemia se registró hace exactamente 114 años y quien tuvo que hacerle frente fue Julio Pelagatti, un médico italiano que había llegado al territorio en busca de futuro, como tantos pioneros.
La primera medida fue la desinfección de las propiedades y el aislamiento de enfermos, teniendo en cuenta el hacinamiento que sufrían las familias viviendo en pequeñas casas sin mayores condiciones de higiene.
Abel Chaneton, a cargo del Concejo Municipal, elevó una nota a las autoridades de salud de la Nación solicitando un pulverizador para desinfectar y una buena cantidad de suero antidiftérico para tratar la enfermedad.
Durante dos semanas se llevaron adelante las acciones sanitarias y los vecinos de Neuquén cumplieron la cuarentena disciplinadamente, aislándose y tomando todos los recaudos de higiene, hasta que, en menos de dos meses, la enfermedad desapareció.
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