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La Mañana Columna de Opinión

La suerte ya está echada

Todos los pronósticos aseguraban que la segunda ola de COVID llegaría a la Argentina.

“Si algo aprendimos en la pandemia es que a los argentinos nos cuesta aceptar la realidad”, decía un médico durante una entrevista televisiva para hablar de la angustia y la incertidumbre que causa el COVID. Aunque no era un especialista en inmunología ni tampoco un epidemiólogo, solo por sentido común y por la información de la peste que llega desde todo el mundo, aseguraba que la piña es inevitable, que viene de frente y que no queda otra opción que aceptarlo, tratando de que el daño sea el menor.

En efecto, las proyecciones que realiza el mundo científico vienen anticipando lo que ocurriría en la Argentina hace ya algunos meses. Nuestro país sería el espejo del hemisferio norte donde la pandemia golpeó con toda su fuerza, más allá de los recursos hospitalarios, las vacunas y las medidas de prevención que se tomaron.

El portal https://covid19.healthdata.org/ previno el crecimiento de contagios a partir de abril y hasta indicó que la peor parte del drama llegará en el mes de agosto con el mayor número de muertos. ¿Por qué no se actuó antes sabiendo lo que se venía?

Lo peor es que con la suerte echada la dirigencia en su totalidad intente sacar provecho para echarse culpas y evitar pagar costos políticos que serán inexorables.

Hoy mientras todavía se discute sobre las clases presenciales y se cruzan chicanas en los medios y en las redes, gran parte de la población mantiene una actitud indiferente mientras que la campaña de vacunación todavía es baja. Una tormenta perfecta.

La segunda ola ya es imparable, está en lo más alto y a punto de romperse. Habrá que ver cuáles son las consecuencias de esta piña inevitable y cómo quedará el país para salir adelante.