La superfinal de las palabras

Miles de horas de transmisión y millones de palabras, el resultado de una cobertura desmedida.

Se terminaron las especulaciones. Ya está. River y Boca -Boca y River- definirán hoy la superfinal de la Copa Libertadores. Cientos de horas de transmisiones radiales y televisivas, millones de caracteres escritos en plataformas digitales y diarios de papel quedarán en la historia de una cobertura desmedida. La doble vara de medios y sus periodistas volvió a quedar expuesta: la indignación por una violencia creciente, sin cuestionarse de dónde surge.

“El árbitro perjudicará a Boca” y “Cunha -árbitro de la superfinal- deberá tener mucho cuidado con lo que hace”, fueron algunos de los textuales que regaron “profesionales” desde micrófonos, cámaras o redacciones. Y a la hora de cuestionar los hechos o comentarios “fuera de lugar” de otros aparecían camuflados como los guardianes de lo que está bien y lo que está mal: “indignante”, “no salimos más”, “así estamos”. Audiencias multitudinarias los planta en un altar de hielo en pleno verano y los convierte en seres prepotentes dueños de una verdad paralela a los escrúpulos.

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Lo cierto es que millonarios y xeneizes se van a cruzar en una final impensada, a la que ni siquiera se le animó el Negro Fontanarrosa en la más fantástica de sus creaciones. El mundo estará pendiente: 260 medios de 30 países solicitaron acreditaciones para el partido y 882 periodistas ingresarán con credencial al Monumental. Porque, en definitiva, el fútbol es eso: una fiesta que puede dejar una resaca pesada o una sonrisa infinita, a pesar de los que buscan plantar la semilla del odio para especular con la violencia de una horda a la que ellos no pertenecen. Ojo, el hielo en verano se derrite.

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