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La Mañana Columna de Opinión

La trama de Loncopué

La pequeña localidad neuquina dio una muestra del efecto nocivo que conlleva la ruptura del aislamiento.

Si la situación de Loncopué se hubiese producido en el corazón de la Confluencia, la tragedia neuquina sería de unas proporciones temibles. Con un poco más de seis mil habitantes, según las estimaciones de población del intendente Walter Fonseca, Loncopué vive momentos dramáticos con una cantidad de vecinos contagiados con el COVID-19 que está en plena investigación.

Un asado bastante concurrido fue el epicentro de los contagios, se supone, de acuerdo con el seguimiento que hicieron las autoridades epidemiológicas de la provincia. Dos vecinos de la localidad murieron por el coronavirus. Uno de ellos sería el primer contagiado del pueblo, quien estuvo en el ahora famoso asado. El otro se contagió sin salir de su casa. Alguien que fue a darle una mano lo habría contagiado.

El hospital de Zapala fue el escenario de los dos decesos. Ahí está internado también el primer contagiado de la zona centro de la provincia, un hombre mayor, vecino de Las Lajas, quien presumiblemente se contagió de un amigo que lo visitó de paso desde Chile y con quien se sentó a comer.

¿El virus se expandió de Las Lajas a Loncopué? Es una posibilidad. La otra es que un contagiado que vive en Neuquén capital fuese el transmisor de la enfermedad al primer afectado de Loncopué.

La saga de contagios de la pequeña localidad del centro oeste neuquino es demostrativa del poder de expansión que tiene el coronavirus surgido en un mercado del centro de China, según las investigaciones internacionales. La trama tiene ribetes cinematográficos para una localidad con una pequeña economía rural. Loncopué es una muestra a escala comprimida del daño potencial de la ruptura del aislamiento social.