La voz de las costumbres del norte neuquino

Se define como ama de casa y campesina. A los 95 años, vive frente a la plaza principal de Andacollo.Nació el 18 de agosto de 1923. Es referencia obligada de la historia del pueblo. Tuvo 10 hijos, de los cuales solo viven cinco. Hace unos años recibió un premio, por parte de la Legislatura, por transmitir la cultura e identidad neuquina.

Fabián Cares - regionales@lmneuquen.com.ar

Hay personas que han vivido tanto, que las alegrías y las penas se reparten por partes iguales en sus existencias. Personas que ven los años pasar y hasta parece que están estancadas en el tiempo. Su juventud de espíritu les gana a las arrugas que se pueden dibujar en sus rostros curtidos por los difíciles vientos de la vida. En Andacollo, el corazón del norte neuquino, la vida de Ofelia Villanueva no pasa inadvertida. Lleva sus 95 años de manera vital, alegre, amable y muy locuaz.

Dueña de unos ojos celestes que transparentan su alma de mujer de campo y de una sonrisa que contagia la alegría por la vida que siente aun después de atravesar todo tipo de dolores y contratiempos. Hoy es un ícono de la historia de este pueblo, un baluarte de su cultura y un ejemplo de cómo el campo también da la posibilidad de desarrollar la vida de una familia.

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Ofelia vio la vida en el rincón neuquino de Los Miches, fruto del matrimonio campesino compuesto por Zoila Bascuñán y Narciso Villanueva. Se casó muy joven con Juan Ignacio Arévalo y fueron a desarrollar su vida y la de sus descendientes a Los Guañacos. “Siempre fui ama de casa y criancera”, dice Ofelia, como si eso fuera poco en aquellos tiempos donde no sobraba nada y faltaba de todo. “Antes vivir era todo un sacrificio, muy distinto a estos tiempos donde está todo a la mano y hay comodidad”, cuenta mientras apura un mate dulce. “Siempre acompañé a mi esposo, fui su tercera mano en las tareas de campo, aprendí a hacer de todo, y hasta montada en un caballo infinidad de veces hicimos el arreo de nuestros animales hasta la veranada en el Cajón Nuevo de Buta Mallín”.

Ofelia Villanueva

No es difícil imaginarse esa postal de Ofelia con las riendas de su caballo cumpliendo las distintas faenas que implican la ancestral tradición de la trashumancia.

Cuenta que tuvieron una casa en medio de un corral. “El corral estaba lleno de ovejas, y más de una vez algunas se paseaban por la cocina”, comenta.

Recuerda que para mantener tranquilos a sus hijos los colocaba en una chigua (cesto hecho con cuerdas y cortezas de árboles, de forma oval, que sirve para transportar las cargas en los caballos) y los colgaba de algún tirante mientras que con un hilo fuerte los mecía desde la cocina mientras realizaba alguna actividad. “Mis hijos se criaron en esta cuna de campo”, afirma.

También en aquellos tiempos elaboraban queso casero, esquilaban ovejas para vender la lana y el tradicional charque de carne. “Siempre nos preparábamos para los inviernos”, contó.

Tras vivir muchos años en el campo, decidieron comprar una casa histórica de la familia Brusco en Andacollo. La vivienda tiene más de 100 años y aún permanece de pie. Aquí contó con un aljibe (el único del pueblo que existe hoy) donde se proveía de agua para su familia y las del lugar.

Infinidad de veces hicimos con mi marido el arreo de nuestros animales hasta la veranada en el Cajón Nuevo de Buta Mallín”.

En aquellos años vivir la vida era difícil y conservarla ante un problema de salud, mucho más. Todo quedaba muy lejos. Sin centros de atención ni hospitales cerca. En un momento, una de sus hijas cayó enferma por varios días y no había mejoras.

Así que don Arévalo tomó la determinación de cargar por delante a su hija en su fiel caballo y tomó como rumbo Chos Malal para buscar alivio para su pequeña. No había puentes ni pasarelas, así que desafiando todos los peligros fue vadeando los ríos y arroyos hasta llegar a destino, finalmente el triste final fue la muerte de su hija por viruela.

Cerca del puesto había un cerro que hacía las veces de centinela. Hasta allí subía cada mañana Ofelia a otear hacia el horizonte, hasta que en una oportunidad vio a su marido volviendo solo a caballo.

En 2014 recibió el premio Lola Mora

En 2014, Doña Ofelia fue homenajeada por la Legislatura provincial con el premio Lola Mora en el rubro Tradición Oral. Este fue un reconocimiento a la trayectoria de las mujeres que, a través de su quehacer artístico y cultural, dejaron su impronta y compromiso con la sociedad.

En el fundamento del premio otorgado, el jurado señaló: "Oriunda de Los Miches, es una gran conocedora de la forma de vida, religión, mitos y leyendas del norte neuquino. Su increíble memoria le permitió conservar y transmitir la cultura e identidad neuquina. La vitalidad y lucidez de la que goza a sus 90 años le permite seguir participando activamente en festividades religiosas, culturales y familiares".

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