Laboratorios, virus y política
Los laboratorios ganan más que antes de la pandemia, como los bancos y las empresas de internet. Los laboratorios siempre están volviendo. Antes eran capaces de desestabilizar gobiernos, ahora ese don está en poder de las eléctricas: con cortes seguidos en lugares sensibles (cuanto más cerca de la General Paz mejor) son capaces de sentenciar a intendentes, gobernadores y hasta presidentes, pero los laboratorios también pueden hacerlo. Ejemplo: la operación de Pfizer cuando el país estaba avanzando en la compra de vacunas para proveer la demanda lo más rápido posible.
Los laboratorios no son entes de bien público. Los grandes del mundo libre por lo general son propiedad de fondos de inversión capaces de dejar morir o impedir nacer por su renta. Los fondos están manejados por lobistas de alta calaña, que serían capaces de morir antes de ceder la renta.
BlackRock, del famoso Larry Fink es dueña de Pfizer y también de AstraZeneca. Son solo una minúscula parte del negocio del financista, que administra más de cinco billones de dólares de especuladores o pensionistas desde Nueva York.
En Argentina, acaba de producirse un hecho político con impacto entre los dueños del capital del país. Un grupo de ellos, el que ganó en los últimos años encaró una especie de asalto del instituto económico que usó Domingo Cavallo para diseñar su plan y acceder al poder para implementarlo, en la década del ‘90, con el final trágico en diciembre de 2001 conocido por todos. Carlos Melconián fue nombrado director del IERAL de la Fundación Mediterránea, con fines similares a los que inspiraron a Cavallo. El periodista Diego Genoud reveló que el impuslor es Leonardo Bagó, del laboratorio homónimo.
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