Las guardianas del saber

El saber en todas sus formas se encontraba en ese lugar, donde nos formamos como lectores.

Cuando abrí las puertas de aquella biblioteca pública porteña de la avenida Córdoba al 1500 e ingresé por primera vez a ese universo de libros, no sabía que el autoritarismo y la perversidad de la dictadura militar habían considerado como subversivos a algunos de esos volúmenes que dejaron un vacío en esos anaqueles.

Corría el año 1977 y aquel pibe que cursaba el primer año de la secundaria llegó hasta ese edificio que llevaba el nombre de Manuel Gálvez buscando un libro de geografía, ya que la escasa economía familiar le impedía tenerlo entre sus útiles.

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Una mezcla de olores húmedos y frescos por el papel y la tinta salía de esos libros que jóvenes y adultos leían en ese recinto silencioso. Un aroma que quedó impregnado y revivo cada vez que abro las páginas de un nuevo libro o viejas ediciones.

Supe que el saber en todas sus formas se encontraba ahí, en esa y en otras bibliotecas a las que concurrí para formarme como lector hasta que pude armar la propia con libros que crecen como hongos y que se van acomodando en cualquier espacio de la casa. Entendí que el mundo se presentaba entre libros y después en la realidad. Alberto Manguel, quien indagó en la historia orgánica de la biblioteca universal (recomiendo especialmente sus libros Una historia de la lectura o La biblioteca de noche) considera que las bibliotecas conservan lo pasado y nos da elementos para entender quiénes somos ahora.

Mañana se conmemora el Día de las Bibliotecas Populares y es motivo de celebración a pesar que están quienes dicen que su destino es desaparecer. Yo sigo pensando que son necesarias porque todavía un pibe puede estar buscando ese libro de geografía.

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