Le arruinaron la vida por un error durante la anestesia

Le aplicaron mal la epidural y quedó postrada. Vive un tormento.

Ana Laura Calducci

calducia@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- Todas las noches y todos los días, Lucrecia sufre un dolor insoportable en la mitad inferior de su cuerpo. Con mucha garra, pensando en sus dos hijas, se levanta de la cama y trata de llevar una vida normal. Lo que tiene es incurable. Viene de una inflamación de la aracnoides que le causó la anestesia epidural durante una cesárea. Sus secuelas se podrían haber evitado si, tras el error con la inyección, los médicos la hubieran asistido de inmediato. Pero prefirieron tapar todo, aún sabiendo que la condenaban de por vida. Hoy lucha para que a otros no les ocurra lo mismo.

“Pasó en 2010, era mi segundo embarazo y quería parto natural pero como no dilataba, la médica determinó cesárea”, contó Lucrecia, hoy de 35 años.

La mujer recordó lo que pasó cuando le colocaron la anestesia: “Me sentí mal, no podía respirar, tiré una bandeja y ahí escucho: dormila”. La inyección había tocado la aracnoides, una membrana que protege la médula espinal, y la anestesia le estaba afectando los pulmones, por eso se quejaba.

Pero todo eso lo supo mucho después. Tras el parto, el anestesiólogo y la ginecóloga le dijeron que “la aguja se pasó una membrana”, sin explicarle que podía ser grave.

Lucrecia se fue de alta de una importante clínica de la calle Alcorta, condenada a una supervivencia dolorosa.

Desde ese día tiene aracnoiditis adhesiva crónica, con formación de quistes en los órganos afectados.

Ahora sabe, y se lo repite a todo el mundo, “que hay un protocolo que hubiera aliviado mucho las secuelas y los médicos lo conocían, pero quisieron zafar”.

Dolor: Las molestias no cesan ni de noche ni de día, pero Lucrecia no quiere bajar los brazos.

La bronca

Con bronca y lágrimas, recuerda una y otra vez: “Si en la clínica hubieran tenido un poco de humanidad, yo no estaría así”.

Ella sentía hormigueo en las piernas y lo asoció al cansancio. A los dos meses, empezó a caerse sin motivos. Consultó a su médico clínico, quien sospechó que tenía aracnoiditis, y lo confirmó tras unos estudios. Su enfermedad deja a la mayoría en silla de ruedas.

Lucrecia tiene el mismo dolor de un cáncer de nivel 4. Debería estar inmovilizada, pero camina lento con dos bastones con apoyabrazos. Resiste por sus hijas, para que no la vean vencida.

También hace ejercicios para que las piernas no se atrofien, aunque no puede evitar los quistes, “que es lo que te termina matando”, advirtió.

6 años hace que Lucrecia sufre dolores intensos.

Además, la mujer tiene órganos atrofiados como consecuencia de las lesiones sufridas luego de la intervención en la que le aplicaron la anestesia epidural.

Cambio

“Quiero que algo cambie, que haya información para los pacientes y control de las cirugías; quiero demostrarles a mis hijas que esto no va a volver a pasar, porque la de 12 años me dice que no quiere tener hijos”, contó llorando.

Aclaró que no cuestiona las prácticas médicas “porque el error es algo que puede pasar; lo grave es que no sigan el procedimiento”.

Desde hace unos años, además de la demanda judicial, Lucrecia inició una cruzada para difundir esta enfermedad y los riesgos de no actuar a tiempo. No piensa bajar los brazos hasta lograr un cambio, reafirma, “porque lamentablemente hay médicos que por la plata se olvidan que somos personas y a mí me arruinaron la vida”.

Los médicos afrontan un juicio por mala praxis

Lucrecia Peñalva presentó una denuncia judicial contra la clínica de maternidad y los médicos que la atendieron en su cesárea de 2010.

Acusa a los profesionales de “mala praxis” por no haber aplicado el protocolo para los casos en los que la epidural afecta la aracnoides.

Contó que, en esta batalla, “los médicos no te ayudan mucho; son todos colegas”.

Señaló que la historia clínica que le dio su ginecóloga, un año después, fue adulterada y es difícil la causa judicial cuando gran parte de las pruebas están en manos de los acusados.

Comentó que seguirá la batalla en los tribunales porque su vida cambió por completo.

“Al sufrir este dolor, no puedo caminar más de dos cuadras con bastón, y mi hija más grande se tuvo que adaptar a tener otra mamá”, remarcó.

Lucrecia añadió que quiere que sus nenas “vean a una luchadora”. “Que no me vean abandonarme y decir ‘ya está’”, ese es su objetivo.

En Neuquén hay otros casos, pero aún las estadísticas no están disponibles

El caso de Lucrecia no es el único en Neuquén. En su lucha contra esta enfermedad crónica conoció a varias personas que pasan por lo mismo, algunos de esta misma ciudad. Pero no hay datos oficiales.

“En Estados Unidos y España hay fundaciones para atender este problema; acá no somos estadística”, explicó Lucrecia. Agregó que, por la falta de información, los pacientes no están preparados para exigir atención cuando la aplicación de la epidural sale mal.

Ella conoció otro caso igual al suyo de una chica de 27 años de Neuquén capital, que no lo hizo público. A las dos las atendió el mismo anestesista. Además, se encontró con varias personas con secuelas menores.

Indicó que también “hay gente que tiene un dolor de espalda o que siente síntomas leves un año después y no lo asocia; esos no están diagnosticados”.

Lucrecia remarcó que para prevenir, ante cualquier complicación, dolor o síntomas no esperados, hay que pedir de inmediato una resonancia y un segundo médico que controle; también copia de la historia clínica. Si hay sangre, líquido cefalorraquídeo o se recurre a la anestesia general, es porque algo salió mal. “También sería ideal poder filmar las cirugías”, observó.

Señaló que, en su caso, si hubiera sabido eso a tiempo, hoy podría salir al patio a jugar con sus hijas, como cualquier otra mamá.

Fuente:

¿Qué te pareció esta noticia?

Noticias Relacionadas

Lo Más Leído