Le robaron la moto y ahora los ladrones lo amenazan
Nicolás es un vecino neuquino, trabajador, que hace pocos días sufrió el robo de su moto XR 400, la que tanto le había costado comprar. Desde ese momento su vida se convirtió en un calvario, pero no por el hecho delictivo del que fue víctima en sí, sino porque los ladrones no paran de amenazarlo y de manera violenta, hasta efectuando disparos intimidatorios al aire.
El robo de la moto ocurrió el 2 de febrero, en la puerta de la escuela de acrobacias Vañka donde él se desempeña como profe, la cual está ubicada en la calle Independencia 1938 de Neuquén, en el barrio Villa Farrel. Gracias a la colaboración de los vecinos, pudieron ver a los delincuentes a través de registros de algunas cámaras de seguridad de la zona.
La primera versión, de la Policía Caminera, que le dieron a la víctima del robo fue que los delincuentes habían cruzado el río hacia Cipolletti y que se habían internado en el barrio Costa Norte de la vecina localidad. Sin embargo, algunos vecinos le aseguraron que la moto estaba aún en Neuquén, ya que vieron cuando la sacaban de un domicilio ubicado a la vuelta de la escuela de acrobacias.
Días después, Nicolás se cruzó con uno de los ladrones y lo encaró. La respuesta fue una agresión y amenazas, por lo que se dirigió a la Comisaría Primera a radicar la denuncia, donde tuvo que esperar alrededor de cuatro horas.
Desde ese día, vive con mucho miedo. Es que los dos delincuentes pasan amenazantes por su lugar de trabajo, a veces riendo, otras levantándose sus remares dejando a la vista un arma de fuego en sus cinturas y otras efectuando disparos al aire. Las amenazas no solo van dirigidas contra él, sino también contra algunos de sus compañeros.
Esta situación de extrema violencia motivó que tuvieran que cerrar un par de días la escuela y que algunos padres decidieran dejar de enviar a sus hijos por temor.
“Sabemos quiénes son, los tenemos identificados. Uno de ellos tiene una pulsera electrónica por un caso de violencia de género, según me comentaron. Todo el barrio sabe quiénes son, pero hasta el momento no se ha hecho nada”, lamentó Nicolás.
Asegura que le gustaría recuperar su moto, pero que hoy en día lo que más le preocupa es lo que pueda pasarle a él al resto de las personas del lugar donde trabaja y del barrio. Es que la situación fue escalando hasta llegar a un nivel de violencia que ya no es tolerable. Todavía, se está a tiempo de evitar un nuevo derramamiento de sangre en Neuquén.
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