Les regala días sin alcohol ni drogas a los pibes del oeste
Pablo Montanaro
De adolescente consumió y vivió en la calle. Recuperado, recorrió el oeste para convencer a los jóvenes de dejar las drogas y la delincuencia.
En 2005 abrió un comedor nocturno en Gran Neuquén Sur que ahora funciona en Toma Norte y asiste a 70 personas.
“Cuando elegís mal el camino, sabés que eso trae consecuencias”, afirma Ariel Aila mientras no saca los ojos de unos chicos que corren detrás de la pelota en la cancha de Novella y Necochea, en pleno corazón de Cuenca XV, que hoy luce un flamante césped sintético y luminarias pero que hasta no hace poco era un potrero de tierra y piedras.
Mirar siempre para adelante parece ser la consigna de este hombre de 41 años, al que todos conocen por su apodo, “Cuca”, porque prefiere no escarbar en su pasado en las esquinas del oeste de la ciudad consumiendo alcohol y drogas. Nacido en 1976, se crió en el barrio Confluencia y nunca estuvo en brazos de su padre, "creo que se fue de casa cuando yo nací", dice al pasar. Recuerda con alegría su paso por la escuela primaria (en las 136 y 180), acaso porque lo que más ansiaba eran los recreos "para salir a jugar a la pelotita”. Su etapa más compleja la vivió a partir de los 13 años, cuando decidió abandonar su casa donde vivía con su madre y dos hermanos.
Supo lo que era estar todo el día en la calle entre las drogas y el consumo de alcohol, durmiendo en casa de conocidos o en la terminal de ómnibus. “Por ahí no lo pensabas, no tenías noción, sólo querías que pase el día para que llegue la noche y la noche siempre era muy complicada", señala.
Esa difícil experiencia lo llevó en un momento a sentar cabeza y pensar en hacer algo "por esos chicos que estaban pasando lo que nos había pasado a nosotros y se estaban arruinando la vida". La pasión que desde siempre sintió por el fútbol se convirtió en la mejor herramienta y la que tenía más a mano para transformar los días de esos jóvenes.
Corría el 2004 y con los mismos códigos que manejaban los jóvenes del oeste, un día agarró su bicicleta y recorrió esquina por esquina para contarles cuál era su objetivo y así ayudarlos a salir de ese mundo de marginación y, en algunos casos, delincuencia.
Sin ser consciente, estaba armando lo que después se convirtió en una asociación civil que junto a un grupo de colaboradores denominaron Un Día Diferente. "El oeste estaba muy complicado, se metía mucho 'caño' a los comerciantes... Yo jugaba al fútbol y veía que nadie hacía nada por ellos, veía que se estaban arruinando sus vidas y recordaba que yo también estuve en esa. Eran vistos como adictos irrecuperables, como lo peor de la sociedad”. Mientras tanto, como sabía lo que era pasar hambre, en 2005 abrió un comedor nocturno en Gran Neuquén Sur que después trasladó a Toma Norte, donde actualmente más de 70 personas reciben un plato de comida.
Cuca les propuso abandonar las esquinas para que participen de un torneo de fútbol con la finalidad de recuperar valores de conducta. “Implementamos unas reglas: no alcohol, no drogas, no violencia. Al principio no fue fácil porque venían a jugar drogados, alcoholizados, incluso con armas". Y agrega que esas reglas "son las que nosotros queremos que las mantengan en su vida cotidiana porque les ayudarán a ser buenas personas". Se entristece al recordar cuando se enteraban de que "Juancito o Pedrito habían caído en cana".
Un Día Diferente pudo reunir alrededor de la pelota a cientos de chicos y jóvenes de los barrios San Lorenzo, Cuenca XV, Gran Neuquén, Toma Norte, Alto Godoy, Belén, Atahualpa, entre otros sectores del oeste.
"El deporte les otorga una identidad, el compromiso de defender a su equipo, de vestir una camiseta y la responsabilidad de comportarse dentro de una cancha, de tener responsabilidades. A través del fútbol han podido sobrellevar las broncas de calle que tenían unos con otros", explica.
Durante largos trece años, los torneos se disputaban en el club Maronese y en el potrero de Novella y Necochea, donde recién en noviembre pasado lograron -con ayuda del gobierno provincial- colocar el césped sintético.
"Es un sueño estar parados aquí ahora, nos permite encaminar un futuro distinto para tantos chicos y jóvenes", explica mientras camina con alegría sobre el césped sintético como si estuviera en La Bombonera.
Los pibes estaban en las esquinas y veía cómo se arruinaban su vida, y recordaba que yo también estuve en las esquinas. Sabía lo que les pasaba".
"Sueño con que uno llegue a primera"
Cuando observa los partidos que disputan los chicos, Ariel Aila se ilusiona con que uno de ellos llegue a jugar en la primera de un club grande. "Que uno de estos chicos tenga la posibilidad de llegar a jugar en la primera es mi gran sueño", confiesa el creador de "Un día diferente".
"Vamos a trabajar para que en cinco años o más uno de nuestros chicos llegue, la pueda gambetear arriba. Sería muy importante porque ese chico jugando en primera se convertiría en un espejo para el resto de los pibes que la luchan día a día".
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