Les siguen pegando abajo

La historia argentina, lamentablemente, se repite, está condenada a ser cíclica. Desde hace tres semanas las aulas de las universidades públicas están vacías como así también sus fondos. El ajuste fiscal que el gobierno se comprometió a ejecutar siguiendo, como si se tratara del “mejor alumno”, las condiciones impuestas por el Fondo Monetario Internacional, terminó por ahogar a 57 universidades nacionales. El presupuesto 2018 sufrió un recorte de 3000 millones de pesos por parte del Ejecutivo. Los docentes reclaman un aumento salarial del 30 por ciento, acorde a la inflación prevista para este año. El gobierno ofreció apenas un 15 por ciento.

Un rector decía que cada día sin clases nos volvemos más pobres. Cuando no se invierte en ciencia y en educación, un país no puede desarrollarse, se paraliza. Y parece que en las altas esferas, esta situación de parálisis no genera ninguna inquietud.

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El gobierno acumuló un nuevo frente de conflicto de alcance nacional y en este panorama emergen las sombras de aquel 2001 cuando el por entonces ministro de Economía, Ricardo López Murphy, anunció un recorte del 20 por ciento en el presupuesto universitario. El fin de la historia no podía ser otra: marchas y protestas que llevaron a la renuncia de ese efímero ministro.

El cuestionamiento del presidente Mauricio Macri, a los pocos días de asumir, de por qué la creación de universidades “por todos lados” durante el gobierno anterior puso en alerta al mundo universitario que sintieron que algo nada bueno se aproximaba.

Las aulas universitarias que hoy están vacías y sin fondos para funcionar son las que agrupan a los productores de ciencia, tecnología y conocimiento del país.

Un rector decía que cada día sin clases nos volvemos más pobres. Un país así no puede desarrollarse.

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