Libertades y contagios
Una pregunta que vengo escuchando de manera frecuente en los últimos días (y que yo también me la hago) es: “¿Por qué, en el peor momento de la pandemia, la Argentina flexibilizó la cuarentena al punto de casi llegar a la normalidad?”.
En efecto, el número de contagios de coronavirus y de muertes sigue en su curva ascendente en la mayoría de los distritos más poblados del país (Neuquén no es la excepción) y, sin embargo, las restricciones ya prácticamente no existen, más allá de algunos límites en transportes, comercios, deportes y actividades recreativas, y a la circulación de la gente de acuerdo a la terminación de su DNI que ya nadie cumple.
Tras una cuarentena interminable, agobiante en cuestiones emocionales, y asfixiante en materia económica, el país parece haberse resignado a seguir el curso de la pandemia y el ritmo arrollador que impone la enfermedad hasta que llegue la famosa “inmunidad de rebaño” de la que tanto hablan los expertos, y que no es otra cosa que alcanzar un número de contagios aproximado al 20 por ciento de la población. A la Argentina todavía le falta bastante para eso.
Después de haber actuado de manera correcta y con celeridad para anticiparse a la expansión del virus, las autoridades políticas y sanitarias parecen haberse convencido de que la mejor solución para atravesar este desastre es apelar a la responsabilidad social en cuanto a medidas de prevención.
Si esto será efectivo o no dependerá de los números finales de todas las variables –económicas, sociales y de salud. El tiempo que demandará esta nueva etapa todavía no tiene una respuesta, al menos hasta que no llegue la vacuna.
TAGS
- Columna de Opinión


