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Liliana Montes Le Fort, la guardiana del patrimonio arquitectónico neuquino

Arquitecta y neuquina por adopción realizó un inventario para mantener los edificios históricos de la ciudad.

Existe una ciudad de Neuquén, que habita en la memoria viva, de sus antiguos pobladores. Casas bajas y calles de tierra, que se extendían hacia la lejanía de sus primeros barrios, icónicos edificios, que aún subsisten, erigiéndose hoy entre las modernas construcciones, que hacen cada vez más difícil imaginar ese ayer no tan lejano.

Las casas y las fachadas históricas de Neuquén suelen correr la misma suerte de las especies en peligro de extinción. Su desaparición suele ser lenta e irremediable y así es como la ciudad pierde de manera silenciosa rasgos distintivos de su identidad patrimonial. Sin embargo y a contramano del denominado progreso, existen voces que se alzan quijotescas para detener la masa y la punta que demuelen, las topadoras que se tragan el olvido en cada carga, haciendo un llamado de atención que pocas veces es atendido.

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Liliana Montes Le Fort, arquitecta y artista, qué a pesar de no haber nacido en Neuquén, amo y defendió a la ciudad de un modo, que haría sentir orgulloso al más acérrimo de los neuquinos.

Nacida en la ciudad de Santiago de Chile, dónde vivió hasta los 13 años, estudió arquitectura en la UBA y desarrolló además tempranamente, su actividad de artista multifacética en Buenos Aires.

Llego a Neuquén en los convulsionados años '70, aunque durante la Dictadura Cívico Militar del año 197 debió exiliarse en el exterior, pero regresó al Alto Valle con la llegada de la democracia en 1983.

En el año 1998 llevó adelante un ambicioso proyecto en el que inventarió los edificios más representativos del “Casco Histórico” y de algunos barrios de la ciudad, incluyendo además monumentos y construcciones de inestimable valor patrimonial.

Con el nombre “Patrimonio Arquitectónico de la Ciudad de Neuquén” y el apoyo de la gestión municipal de Luis Julián Jalil, desde el prólogo queda manifiesta la magnitud de la propuesta y la urgencia por llevarla a cabo. "Este libro es el resultado de un proceso lento y discontinuo, cuyo inicio tuvo origen en el año 1982, en la primera acción comunitaria organizada en defensa del Patrimonio Histórico Edilicio de la Ciudad de Neuquén”, explicó Le Fort.

Conservación

Un repaso mental de 1982 a la fecha nos hace caer en la cuenta de que gran parte de los edificios que se pretendían salvar del derrumbe y la demolición ya no existen, pero Liliana tenía un propósito firme de mirar hacia adelante.

“No es tarde, aún estamos a tiempo”. insistió con la misma convicción que la llevó a rescatar la memoria material de los neuquinos, sino que también a llenarla de colores con su exquisita vocación artística en la que la gama cromática engalanaba cada propuesta.

Aquello comenzó con la gestión de evitar la demolición de las instalaciones ferroviarias que habían sido construidas entre 1902 y 1930. Los emprendimientos inmobiliarios de los años '80 amenazaban con transformar drásticamente el trazado original del casco urbano arrebatándole los rasgos más emblemáticos ligados a su historia fundacional.

Gracias a esto, en 1986 se recupera el ex­ galpón de máquinas del ferrocarril dando origen posteriormente al Museo Municipal Gregorio Álvarez, la ex-fosa de maniobras de locomotoras donde hoy se encuentra el “Anfiteatro Gato negro” y convirtiendo el corazón de la ciudad en lo que hoy es el Parque Central.

A partir de 1997 se ponen en valor el patrimonio del área que delimitaban las manzanas linderas a la Estación Neuquén del Ferrocarril en una acción conjunta que es llevada adelante por profesionales y técnicos de la Municipalidad y de la Universidad Nacional del Comahue con la co-dirección del historiador Enrique Mases y Liliana Montes Le Fort.

“Este inventario no es una obra terminada; es el inicio de un trabajo mayor que abarcará todo ejido urbano municipal, sus áreas, sitios, edificios y objetos, tanto de su área rural como natural, y la totalidad de su patrimonio, tanto tangible como intangible”, dijo.

El relevamiento incluía en el listado muchos edificios y lugares, muchos de los cuales y en su mayoría, ya no existen y otros que gracias a posteriores acciones se pudieron recuperar: la ex Estación del Ferrocarril, el ex galpón de cargas, encomiendas, viviendas de personal de tráfico y demás dependencias ferroviarias, las que habían sido las viviendas de familias pioneras como los Portanko, Santa María, Carrera Frea, Brígida Rodríguez, Mango, Salcedo y Bosch entre otras, la ex gasolinera Chacabuco, el ex Juzgado de Paz Letrado del Territorio, la Capilla de Nuestra Señora de los Dolores, el Banco Hipotecario, la Biblioteca Alberdi, la ex imprenta Neumann, la Casa de Gobierno, el Hospital Castro Rendón, el Epen (Ente Provincial de la Energía de Neuquén), el Comando VI División del Ejército y la Escuela N°61, cuyas referencias de ubicación actual detallamos en la siguiente imagen.

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Le Fort

Le Fort se desempeñó como docente en la Escuela Provincial de Bellas Artes dejando una impronta de creatividad y enseñanza de vida en la formación de muchos docentes neuquinos. Cómo arquitecta humanizó espacios de salud pública ya que su especialidad era la arquitectura hospitalaria. Fue mujer audaz y auto-gestionada en ámbitos en los que la hegemonía patriarcal supeditaba a las profesionales a la función de colaboradoras.

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Del testimonio conmovedor de su compañero de vida, el arquitecto Mario Bertone, surge la figura de una mujer de una tenacidad sin límites que no se permitía ni a sí misma, ni a los demás darse por vencidos. Conocidas también fueron sus gestiones por preservar la Torre Talero. Sus últimas fuerzas la destino a resignificar el valor cultural de la casa del Dr. Gregorio Álvarez para que fuera Museo y lugar de encuentro de los neuquinos con su propia historia. En mural lleno de colores y de esfuerzos, como fue toda su vida, dejó sus últimas fuerzas y el anhelo de que su trayectoria tuviera continuidad.

Un 7 de junio del 2017 remontó su viaje eterno, sus huellas pueden seguirse a través de los sitios y lugares que se empeñó en defender y rescatar, insistiendo en que: “Siempre estamos a tiempo”.

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