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#LMN15Años El neuquino que peleó con Donald Trump en la platea

Hace tres años Matías Vidondo, campeón argentino de Los Pesados, llegó al ring del Madison Square Garden de Nueva York. A pesar de la derrota, nadie le quita lo vivido.

El boxeador Matías “el Matador” Vidondo (41 años) alcanzó en 2015 el sueño de muchos de los que se preparan para este deporte: pelear por un título internacional, en este caso el de pesado de la Asociación Mundial de Boxeo, en el legendario Madison Square Garden de Nueva York. En ese momento, al neuquino le tocó pelear con el cubano Luis “The Real King Kong” Ortiz, quien venía con un historial más que favorable: 22 peleas, todas ganadas, 19 por nocaut.

Desafortunadamente, al estudiante de Medicina -le faltan algunas materias para finalizar la carrera- le pasó factura la falta de preparación, estuvo 11 meses sin pelear porque no encontraba rival en el país, y todo se terminó en tres rounds.

“Nueva York fue increíble. Lo puedo contar desde dos lugares. Para mí fue un fracaso deportivo. Yo había ido a ganar. Cualquiera que me conoce y los que no me conocen me dicen ‘pero llegaste ahí’, y la realidad es que yo quería ganar, quería ser campeón del mundo”, señaló el deportista y agregó con sinceridad: “Hubiese preferido perder, que me rompiera la cabeza y terminar en un hospital en 10 o 12 rounds y no dormir en el tercero. Fue una pelea muy corta y no pude mostrar mi boxeo”.

“Fue muy triste para mí. Estuve mucho tiempo soñando con ese golpe. Anímicamente el dolor es muy grande y la gente te pregunta: ‘¿te dolió la piña?’, y la piña sólo duele en el momento. Lo que duele es el alma y el corazón y para eso no hay analgésico”.

Pese a ese panorama, Matías aseguró que durante la previa a esa pelea fue la primera vez que se sintió un campeón de verdad. “Cuando llegamos al aeropuerto nos estaba esperando una camioneta, me llevaron a un hotel que era increíble, tenía un gimnasio para mí”, contó. Sin embargo, lo más importante fue poder haber llevado a su papá al Madison Square Garden.

“Siempre me preguntan qué significó haber entrado al Madison Square Garden y cuento había más de 23 mil personas, al lado mío estaba sentado Donald Trump, las entradas de la primera fila salían 13 mil dólares, era un evento importante, y la verdad es que en ese momento ninguna de esas luces me movilizaba, pero lo único que me aflojó las patas (risas) fue cuando veo que en todo el Madison se leía Ortiz versus Vidondo en rojo y en un momento lo encuentro entre la gente a mi viejo a 40 metros del ring, con los brazos levantados, y eso fue lo único que aflojó las piernas”.

Matías no siempre fue boxeador. Desde joven se dedicó al voley y a las artes marciales. El boxeo llegó a su vida de la mano de la medicina. Cuando se fue a vivir a Rosario –previo paso por la ciudad de La Plata- comenzó a ponerse los guantes de box. Para ese entonces tenía 22 años.

“En 2001 trabajaba en un bar que y los dueños iban a un gimnasio, y me invitaron a ir. Yo no tenía el dinero para ir a un lugar así. A mí nunca me gustaron las pesas, entonces hacía una rutina y me iba al segundo piso del gimnasio, donde estaba el salón de boxeo. Le pegaba un rato a la bolsa. Soy un apasionado por este deporte desde chico, pero mis viejos jamás me dejaron practicarlo. Un día me encuentra el profesor (Luis Vila Ginés) en el segundo piso y me invitó a una clase con todo el grupo. Fui a la clase y me encantó. Termina la clase y el profesor me dice: ‘Muy bien anduviste, tenés que seguir’. Y no me olvido más cuando le planteé: ‘Yo sigo pero si me entrenás para pelear, si no, no me interesa’”.

Así fue como inició su carrera. “Fue muy difícil porque ninguno de los dos era del palo del boxeo. Yo no venía de una familia de boxeadores y ya era grande. Luis era jurado de boxeo, había practicado, es profesor de Educación Física, pero nunca había sido boxeador. De hecho, las primeras peleas amateurs que tuve, tenía que vender las entradas porque nos pagaban con entradas para pagarle al rival y los viáticos. Era todo muy a pulmón y a fuerza de ir bajando ‘muñecos’ me fui haciendo conocido. De todas maneras, cuando tenía más experiencia tampoco conseguía rivales porque nadie quería pelear conmigo, porque a la mayoría de los rivales los noqueaba y es muy difícil eso en el amateurismo”, explicó.

En 2008 decidió convertirse en profesional, principalmente porque no conseguía rivales para competir. “Recuerdo que Luis me buscaba los rivales con otro nombre. Usaban mi segundo nombre, Ariel, y mi segundo apellido, Díaz. Cuando llegaban al ring veían que era yo y ya no se podían bajar”, rememora entre risas.

El título de campeón argentino de los pesados llegó en el 2013, de la mano de una escandalosa pelea ante Fabio “la Mole” Moli (ver aparte). Luego, un año más tarde, le tocó defender esa corona en el Club Independiente de Neuquén, frente a Alfredo Ruiz Díaz, pelea con la que se quedó. Como si fuera poco, también tuvo la chance de volver a defender el título en su tierra natal ante Marcelo Domínguez, en el 2015, a quien noqueó en el segundo round.

Escándalo

En agosto del 2013, Matías Vidondo fue noticia en los medios nacionales por su pelea con Fabio “La Mole” Moli, en la definición del campeonato de los pesados argentinos. Esa noche, en el club Talleres de Remedios de Escalda, el cordobés fue descalificado por pegarle dos piñas en el piso a su rival, luego de una caída válida. El árbitro frenó bien las acciones y le dio pérdida la pelea a la Mole en el quinto asalto.

Aquel encuentro quedó en la memoria de mucho por el bochorno que se generó luego de la decisión del árbitro. Es que La Mole luego del fallo salió del ring para enfrentarse a los espectadores que lo insultaban. Por la violencia, la Televisión Pública interrumpió su transmisión y mandó una extensa tanda publicitaria. “En el quinto round él me empuja cuando me estoy por reincorporar y me pega de atrás, estando en el piso. Me noquea y lo descalifican. Yo lo venía golpeando mucho, es más, lo había cortado tres veces, lo venía fajando. Él sabía que no tenía chances y me lastima. Cuando pasa todo esto, me contaron que un boxeador de abajo lo insulta y le dice ‘siempre haces lo mismo cuando te están ganando’ y estaba la barra brava de Remedios de Escalada y cuando ven la acción de que “La Mole” se baja, comenzaron a pelear”.

Eliminando prejuicios

Desde hace un año Matías tiene su propio gimnasio en el que entrena a hombres y mujeres, inspirado en el Dunedin Boxing de Manhattan, en el que se preparó en Nueva York para la pelea en el Madison Square Garden. “Mi idea es llevar el boxeo a otra clase social y sacar el estereotipo y el prejuicio que existe. Que conozcan lo apasionante que es”, confesó. Además, está usando el deporte como una terapia alternativa. “Tengo alumnos que si bien me parece muy fuerte decirles psiquiátricos, tienen estrés, y los mandan al gimnasio y gracias a esto han dejado de tomar su medicación”, reveló. “En los gimnasios de boxeo hay dos reglas: no se roba, porque no llamamos a la policía (risas), y se respeta a la mujer”, concluyó.

Un héroe por accidente

En 2015, Matías Vidondo asistió a tres mujeres oriundas de El Bolsón que viajan a Buenos Aires, que habían tenido un accidente en la ruta. Allí puso todos sus conocimientos de medicina. “Fue una escena muy dura, el auto estaba dado vuelta, una abuela estaba dentro del auto y no sabía en qué estado estaba. Además, la hija de esa mujer salió volando 10 metros afuera del auto”, recordó.

“Cuando veo a la nieta, de 15 años, estaba tirada en el piso, noto que tiene una fractura de cadera del lado izquierdo. Ella se quería dormir y yo le apretaba la zona para que calme el dolor, pero lo que yo no quería es que quedara inconsciente”.

Afortunadamente, 40 minutos después llegó la ambulancia para socorrerlas. Hasta el día de hoy, Matías tiene contacto con ellas.

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