Lo procesan por "marcar" a su primo, que está desaparecido

En Neuquén, ocurre por primera vez con un agente de inteligencia.

Pablo Montanaro
montanarop@lmneuquen.com.ar

Neuquén
El reciente procesamiento de Roberto De Caso por el secuestro de su primo Oscar Ragni en diciembre de 1976, quien permanece desaparecido, se convirtió en el primer caso en Neuquén en que un ex agente de inteligencia irá a juicio por señalar el lugar en que se encontraba la víctima.
A fines de septiembre del año pasado, la Cámara Federal de Apelaciones de General Roca resolvió el procesamiento de De Caso como partícipe secundario del secuestro y posterior desaparición del joven neuquino de 21 años, que estudiaba arquitectura en La Plata y que se encontraba de vacaciones en la ciudad de Neuquén en diciembre de 1976. De Caso, de 71 años, se desempeñó como personal civil de inteligencia, era subalterno de Mario Alberto Gómez Arenas, jefe de Inteligencia del Destacamento 182, quien por el caso de Ragni fue condenado a 25 años de prisión en el primer juicio contra represores de 2008, como así también los jefes militares Oscar Reinhold, Enrique Olea, Luis Farías Barrera, Hilarión de la Pas Sosa, Jorge Molina Ezcurra y Sergio San Martín, con penas de 20 a 22 años.

Roberto De Caso hoy tiene 71 años. El día que desapareció Oscar Ragni fue a preguntar si se encontraba en su casa y se fue.

En el procesamiento el juez federal Gustavo Villanueva señaló que De Caso se valió de su condición de familiar para ingresar al comercio que atendía Inés Ragni, madre de Oscar, para saber dónde estaba su primo.

En el primer juicio contra represores en el que se ventiló la desaparición de Ragni, De Caso declaró como testigo y en la audiencia negó tener vinculación con el secuestro. De Caso es hijo de Dora Ragni (ya fallecida), quien era hermana de Oscar Ragni, padre del joven desaparecido e integrante de la Corriente por los Derechos Humanos de Neuquén.

El 23 de diciembre de 1976, un comando de la Policía de Neuquén y de la Federal se dirigió al lugar donde Oscar trabajaba en sus vacaciones, un estudio de arquitectura ubicado en la calle Talero de esta ciudad, y otro se dirigió a su casa, en Mascardi 55. De Caso, que cumplía funciones en las dependencias del Destacamento de Inteligencia 182, se presentó en horas de la mañana en la casa de los Ragni con la excusa de visitar a su abuela. En esa ocasión le preguntó por su primo. Inés le respondió que Oscar estaba durmiendo pero que pasara más tarde a saludarlo, retirándose con la excusa de estar apurado. A los pocos minutos apareció una persona que dijo ser del estudio de arquitectura, quien le avisó a su madre que lo requerían y se retiró. Oscar se despertó. Menos de una hora después, cuando se dirigía a su trabajo, Oscar fue secuestrado y desde entonces permanece desaparecido. Incluso, Oscar Ragni, padre de la víctima, dijo haber visto circular un vehículo sin patente con seis personas a bordo en cercanías a su domicilio horas antes del secuestro de su hijo.

Uno de sus amigos y sobreviviente de la dictadura, David Lugones, declaró en uno de los juicios frente a los jueces haber escuchado la voz de Ragni en el centro clandestino de detención La Escuelita, ubicado al fondo del Batallón de Ingenieros de Construcciones 181.
Natalia Hormazabal, abogada del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (Ceprodh), explicó que el caso de De Caso formó parte del genocidio que tuvo lugar en el país. "En el plan sistemático de represión que llevaron adelante todas las fuerzas represivas, hubo roles y funciones, cada miembro tuvo conocimiento, plena conciencia y participación fundamental en el circuito represivo", dijo. Y agregó que "la función de 'marcar' era tan fundamental como el secuestro, la tortura, la apropiación de niños, la desaparición y el asesinato" de personas.

Para Hormazabal, está "absolutamente probado" que De Caso "estuvo en el lugar momentos previos al secuestro y desaparición de Oscar Ragni. La tarea de inteligencia fue fundamental en el plan criminal".

En octubre de 2013, cuando se inició el tercer juicio contra represores, Inés Ragni declaró como testigo. "En los servicios de Inteligencia trabajaba un tal Oscar De Caso que fue quien entregó a mi hijo. Eso lo tengo y lo tendré toda mi vida, porque es la verdad, lo que yo digo es verdad", dijo en ese momento.

Memoria
Un joven solidario

Oscar Ragni tenía 21 años cuando fue secuestrado y desaparecido. Vivía en La Plata, donde estudiaba Arquitectura y formaba parte del centro de estudiantes de la facultad. Junto con su compañera, Inés Amigo, de 22 años, quien también estudiaba Arquitectura, realizaban actividades que se organizaban en la capilla del barrio Progreso. Inés Ragni dijo que a su hijo "le había enseñado que había que ayudar al otro". Amigo fue secuestrada en la Facultad de Arquitectura de La Plata el 21 de diciembre, dos días antes que Oscar.

Previo a su desaparición en Neuquén, fue allanado el domicilio de Ragni en La Plata, como también los de algunos de sus compañeros en esa ciudad.

Los Ragni: "Colaboró con el terrorismo de Estado"

NEUQUÉN
Al igual que su mujer, Inés, Oscar Ragni siempre sostuvo que su sobrino, Roberto De Caso, fue quien marcó la casa donde se encontraba la víctima. "Siempre supimos la misión que él tenía durante la dictadura", señaló Oscar Ragni a LM Neuquén, y destacó la importancia del procesamiento que se le dictó a De Caso porque "los que denominamos comúnmente como 'buchones' fueron elementos indispensables para poder llevar a cabo el terrorismo de Estado con las características que lo hicieron".

En cuanto a la figura del procesamiento como partícipe secundario, Ragni consideró que "esta gente no tuvo roles tan secundarios, porque no era tan secundario marcar a una posible víctima o marcar la casa de un enemigo".

Lamentó que De Caso "haya llegado a colaborar con el terrorismo de Estado por encima de los sentimientos que podía sentir hacia un familiar".

Al mismo tiempo, recordó a su sobrino como una persona que "se jactaba y hacía gala de que podía hacer cosas que otros no podían y que sabía cosas que otros no sabían. Decía que se iba a Mendoza o a Córdoba a llevar o a traer una encomienda. La encomienda significaba llevar o traer algún dato o a alguna persona".

Y agregó: "Como los otros genocidas, se creía impune a todo, y hacia ellos mismos se representaban como todopoderosos".

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