Los británicos le dijeron chau a la Unión Europea

El Reino Unido entró ahora en una fuerte etapa de incertidumbre.

Londres.- La mayoría de los británicos decidió ayer abandonar la Unión Europea (UE), en un referéndum no vinculante que obligó al primer ministro, David Cameron, a presentar su renuncia y jaqueó a todo el bloque ante la presencia cada vez más notable de la ultraderecha euroescéptica en todo el continente.

La opción del brexit (abandonar la UE) se impuso con un 52% frente al 48% de los británicos que eligieron la opción de permanecer en el bloque al que llevan 43 años vinculados.

Unos 30 millones de personas -el 72,1% del padrón- acudieron a las urnas pese a las fuertes lluvias que azotaron al país para votar en un referéndum que, si bien no es vinculante, se espera que el Parlamento lo refrende, ya que es poco probable que las autoridades decidan actuar en contra de la voluntad popular.

Una hora después de que la Comisión Electoral anunciara los resultados, Cameron compareció ante las puertas de su despacho de Downing Street y, con la voz entrecortada, anunció que ya le habían informado a la reina Isabel II que presentaba su renuncia, aunque aclaró que entregará el mando en octubre, durante la reunión anual del Partido Conservador en Birmingham.

El premier aclaró que de momento no habrá modificaciones en el libre movimiento de ciudadanos, mercancías y servicios, y explicó que quedará en manos del futuro primer ministro encarar las negociaciones con Bruselas para activar el artículo 50 del Tratado de Lisboa, que establece el proceso sobre la retirada de un Estado miembro de la UE. Sin embargo, opinó que la voluntad popular debe ser respetada.

Fue el propio Cameron quien convocó el referéndum en febrero pasado, luego de renegociar el status del país dentro del bloque y obtener la incorporación de una serie de reformas, entre ellas, un límite al acceso a las ayudas sociales para los europeos recién llegados.

Los detractores de mantenerse dentro del bloque celebraron la noticia, que han calificado como “una oportunidad gloriosa” que les permitirá recuperar su “voz en el mundo”, según el ex alcalde de Londres, Boris Johnson, una de las principales caras de la campaña a favor del brexit.

Otra de las caras visibles del brexit es el líder del ultraderechista Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), Nigel Farage, quien luego de celebrar el resultado del referéndum, reconoció que su promesa de que la salida del bloque proporcionaría 350 millones de libras semanales al Servicio Nacional de Salud era falsa.

Preocupación por la causa Malvinas

La canciller Susana Malcorra afirmó ayer que “la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE) preocupa enormemente” al Gobierno de Mauricio Macri y sostuvo que “es un sacudón a las instituciones del mundo”.

Consultada sobre el eventual impacto del brexit en la discusión por la soberanía de Malvinas, Malcorra señaló que todavía “no se puede decir hasta dónde llega” y agregó: “Malvinas es un tema importante. El tema de la separación del Reino Unido tiene implicaciones más amplias”.

Por otra parte, la ministra de Relaciones Exteriores evaluó en conferencia de prensa que lo que ha decidido el Reino Unido es “un llamado para que el resto de los países busquen nuevos acuerdos para que haya más europeísmo integrado y si es así, me parece muy bueno”.

Ahora se teme un efecto dominó

Líderes de extrema derecha y euroescépticos de países como Francia, Italia y Holanda aprovecharon la victoria del brexit en el referéndum sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE) para pedir ya consultas similares, un reclamo que hace temer un efecto contagio.

Si bien el júbilo de estos dirigentes era de esperar tal y como habían advertido en vísperas del referéndum británico de ayer, la inmediatez con la que reclamaron celebrar consultas para definir la permanencia en la UE o para retomar la soberanía fronteriza y migratoria encendió las alarmas.

Arranca un proceso que llevará al menos dos años

La victoria del brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE), activó un complejo e incierto proceso que implica al menos negociaciones en tres instancias: acordar el procedimiento de salida, definir el nuevo marco de relaciones entre la isla y los demás Estados miembro del bloque comunitario y redefinir los acuerdos con terceros países.

El primer paso tendría que darlo el primer ministro británico, David Cameron, que tras la victoria del brexit anunció que dimite en octubre próximo, notificando a sus homólogos europeos la decisión de los británicos de abandonar el bloque comunitario y de iniciar los procedimientos relevantes.

Estos comienzan con la activación del artículo 50 del Tratado de la Unión (TUE), introducido por el Tratado de Lisboa con el fin de regular la retirada voluntaria de un Estado miembro.

Esta notificación formal podría ocurrir muy rápido, en la cumbre europea que reunirá a los líderes de los Veintiocho el 28 y 29 de junio en Bruselas, ya que Cameron dijo reiteradas veces que la decisión de salir de la UE se aplicaría con carácter inmediato.

Puesto que el artículo 50 del Tratado no establece una hoja de ruta del procedimiento de salida, haría falta una negociación entre el Reino Unido y la UE sobre las condiciones en que se llevaría a cabo la retirada y el marco de sus relaciones futuras.

Corresponde al Consejo de Ministros adoptar, por mayoría cualificada, el acuerdo de retirada en nombre de la UE, previa aprobación del Parlamento Europeo (PE).

El artículo 50 del TUE prevé que cuando haya un acuerdo, los tratados dejarían de aplicarse al Reino Unido a partir de la fecha de entrada en vigor del mismo o, en su defecto, a los dos años de la notificación. Las negociaciones serían tan complejas que probablemente requerirían más de dos años, algo que podría complicar las cosas, ya que la extensión de ese plazo necesitaría un acuerdo del resto de países miembro del Consejo.

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